miércoles, 14 de enero de 2009

JARDÍN DE FLORES CURIOSAS (XII)

La Ordenanza ducal de bibliotecas de la ciudad turingia de Gotha en el siglo XVIII especificaba:

El que quiera ver más de cerca un libro deberá solicitarlo al bibliotecario, que se lo mostrará y, llegado el caso, le permitirá leerlo.

martes, 13 de enero de 2009

"POR EL MOMENTO, ME ECHO A PERDER TODO LO POSIBLE..."

"Charleville, 13 mayo 1871.

Estimado señor:

Ya está usted otra vez de profesor. Nos debemos a la sociedad, me tiene usted dicho: forma usted parte del cuerpo docente: anda por el buen carril. — También yo me aplico este principio: hago, con todo cinismo, que me mantengan; estoy desenterrando antiguos imbéciles del colegio: les suelto todo lo bobo, sucio, malo, de palabra o de obra, que soy capaz de inventarme: me pagan en cervezas y en vinos. Stat mater dolorosa, dum pendet filius, — Me debo a la Sociedad, eso es cierto; — y soy yo quien tiene razón. Usted también la tiene, hoy por hoy. En el fondo, usted no ve más que poesía subjetiva en este principio suyo: su obstinación en reincorporarse al establo universitario —¡perdón!— así lo demuestra. Pero no por ella dejará de terminar como uno de esos satisfechos que no han hecho nada, porque nada quisieron hacer. Eso sin tener en cuenta que su poesía subjetiva siempre será horriblemente sosa.

Un día, así lo espero, — y otros muchos esperan lo mismo —, veré en ese principio suyo la poesía objetiva: ¡la veré más sinceramente de lo que usted sería capaz! Seré un trabajador: tal es la idea que me frena, cuando las cóleras locas me empujan hacia la batalla de París —¡donde, no obstante, tantos trabajadores siguen muriendo mientras yo le escribo a usted! Trabajar ahora, eso nunca jamás; estoy en huelga. Por el momento, me echo a perder todo lo posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras.YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!
Usted para mí no es Docente. Le regalo esto: ¿puede calificarse de sátira, como usted diría? ¿Puede calificarse de poesía?Es fantasía, siempre. — Pero, se lo suplico, no subraye ni con lápiz, ni demasiado con el pensamiento.

El corazón atormentado
Mi triste corazón babea en la popa,
Mi corazón está lleno de tabaco de hebra:
Ellos le arrojan chorros de sopa,
Mi triste corazón babea en la popa:
Ante las chirigotas de la tropa
Que suelta una risotada general,
Mi triste corazón babea en la popa,
¡Mi corazón está lleno de tabaco de hierba!
¡Itifálicos y sorcheros
Sus insultos lo han pervertido!
En el gobernalle pintan frescos
Itifálicos y sorcheros.
Oh olas abracadabrantescas,
Tomad mi cuerpo para que se salve:
¡Itifálicos y sorcherossus insultos lo han pervertido!
Cuando, al final, se les seque el tabaco,
¿Cómo actuar, oh corazón robado?
Habrá cantilenas báquicas
Cuando, al final, se les seque el tabaco:
Me darán bascas estomacales
Si el triste corazón me lo reprimen:
Cuando, al final, se les seque el tabaco
¿Cómo actuar, oh corazón robado?
No es que esto no quiera decir nada.

Contésteme, a casa del señor Deverrière, para A.R.

AR. RIMBAUD."

Georges Izambard fue el profesor de retórica de Arthur Rimbaud en el instituto, y a través de él conoce una buena lista de autores "malditos": Rabelais, Baudelaire, Víctor Hugo, Banville, Villon...

domingo, 11 de enero de 2009

BESTIARIO: RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO.

"Se trata de un escritor tan serio como incómodo, que ha sabido entender que el escritor no se hace sólo en el campo de la ficción, de modo que nos ha regalado excelentes ensayos. Es, posiblemente, el mejor ensayista en español del siglo, junto con Octavio Paz y Borges. Pero menos vanidoso, menos excesivo, más humilde (en el mejor sentido de la palabra, o sea, menos afectado, menos pagado de sí mismo). Y sus ensayos, en gran parte, están destinados a una labor que requiere un esfuerzo de erudición descomunal y una inteligencia valiente: se trata de encontrar los grandes y graves silencios de la historia y desvelarlos. Resulta tan impactante como necesario leer un libro -lleno de carácter al tiempo que de precisión de investigador- que escribió con motivo del aparatoso centenario del descubrimiento de América y la parafernalia de Sevilla 92: Esas Yndias equivocadas y malditas. En ese libro habla sobre la actitud de los conquistadores españoles en el Nuevo Mundo, y haciendo acopio de todos los textos que resulten reveladores, pero sobre todo del trabajo de Bartolomé de las Casas y de los textos referidos a las bulas papales y a la colaboración entre los Papas y la monarquía, discute la manida afirmación de que la conquista representó una violencia relativa, de baja intensidad. Se opone a las tesis oficiales, defendidas principalmente por Julián Marías, según el cual la aportación de la cultura occidental y las formas “suaves” de la evangelización durante la conquista hicieron aparecer esa amalgama de culturas que tanto se ha celebrado, y ahora todavía con tanta prosopopeya manipulan verbalmente, en beneficio propio, políticos de aquí y allá, instituciones varias, Institutos de expansión del español, etc. Hoy en día debería ser obligatorio, en la enseñanza media, referirse al texto de Ferlosio, y no lo es. Porque para ser un individuo responsable y comprometido con la propia colectividad es necesario que conozcamos las contradicciones de la historia de dicha colectividad. Apenas ningún español con estudios medios sabe cosas esenciales que aparecen en ese libro, como que el noventa por ciento de los habitantes de los territorios conquistados murieron en menos de ciento cincuenta años, y no sólo por las enfermedades que llevaron los conquistadores. Casi nadie sabe, todavía, y muchos de los que lo saben lo callan, que un método habitual en las luchas contra la legítima defensa de los indígenas era el conocido como “aperreamiento”, es decir, utilizar perros, animal desconocido en esa zona del mundo, para matar a los indios. Esta es una de las torturas más dolorosas que se puedan cometer y, en fin, una de las muertes más horribles. Fueron las dentelladas de los perros, amaestrados para no parar hasta que los hombres quedaban inertes en el suelo, los que acabaron con la resistencia. Muy pocas personas saben, del mismo modo, que un método muy convencional de matar indios era colocarlos en fila, los pechos pegados a las espaldas, y disparar una bala a quemarropa en el primero de la fila, que traspasaba cuerpos y acababa con la vida de diez o doce, masacre esta muy económica y de la que gustaban mucho nuestros paisanos. Y que este tipo de muerte se ejercía para atemorizar, como ejemplo disuasivo, ante grandes multitudes. Muy poca gente sabe que muchos indígenas preferían el suicidio a cualquiera de estas muertes. Sin embargo, cientos de académicos se relamen de gusto hablando, por ejemplo, de la riqueza de la lengua castellana, de las variedades americanas, cosas así. Nadie explica paradojas como la siguiente: los españoles dotaron al nahuatl, lengua hablada en el Nuevo Mundo, de una gramática para que se conservara, pero aniquilaron a todos sus hablantes. Para qué querían ellos una gramática. Querían vivir. Para saber todas estas cosas necesitamos gente que se parezca a Ferlosio, gente a la que no le guste tener los ejes de su carreta engrasados, ni que otros se los engrasen. Que no toleren el silencio de los ganadores ni de los, como él los llama, apologetas, esos que convierten en héroe o prócer de la historia al primer compatriota cuyo nombre se les cruzó de niños en los libros del colegio. Cualquier sociedad adulta y justa debería no tolerar el silencio, reaccionar ante él como un resorte. Para que sea legítimo que nos sintamos, no ya orgullosos (no creemos, por otra parte, que el orgullo sea un sentimiento necesario, ni tan solo apreciable, cuando hablamos de una comunidad), sino simplemente cómodos formando parte de nuestra sociedad, tenemos que vivir sin ignorancia de los grandes silencios que la traspasan. En caso contrario, por muchos siglos de europeos viejos que digan que tenemos, los españoles no pasaremos de ser inmaduros prepotentes, adolescentes de la historia. Por eso es fundamental leer a Ferlosio, para que los chirridos de nuestra carreta se oigan y la gente nos pueda adivinar antes de ver aparecer nuestra silueta por la esquina."

José Morella.

lunes, 5 de enero de 2009

SAINT MALCOLM PARMI LES OISEAUX.

Al alcohol

Quién grita, vengativo, en el palacio sin nombre,
quién grita, quién me fuerza a vivir con su
látigo restallando a diario en mi espalda,
quién sino esta
tentación perpetua al... dolor de la nada,
de esta muerte que invita, esta
obsesión perpetua de sufrir por nada, por
lo que no vale, y lo que no es
esta muerte, y este
dulce dolor para nadie y para todos,
este dulce dolor como un pecado.

Leopoldo María Panero.

¿NO SERÁ QUE ISRAEL NO QUIERE LA PAZ?

La violencia es simple, pero no proporcionará seguridad a Israel. La fuerza militar bruta, desproporcionada, generadora de odio, frustración, humillación, acabará por colocar a Israel -y a buena parte de la comunidad internacional- en situación de máxima inseguridad.

Edward Said -el más prestigioso intelectual palestino- escribió en 2002 que "la seguridad israelí es un animal de fábula, una especie de unicornio. Se la persigue sin alcanzarla jamás, pero constituye el objetivo eterno de cualquier acción futura".

De ética y de sentido común y político conviene hablar. ¿Qué persigue Israel con acciones que arrasan una ciudad, masacran a civiles y a policías encargados de mantener la seguridad (aunque no sea la del unicornio) y, de paso, liquidan a dirigentes y militantes de Hamás? ¿Por qué se arriesga a un recrudecimiento de la ira que, probablemente, impulsará a palestinos -incluidos el millón largo de "ciudadanos" de ese origen que viven dentro de Israel-,poblaciones árabes e islámicas y desde luego a Al Qaeda, a tomarse la justicia por su mano, esto es, a atentar contra intereses judíos y occidentales? Antes de proseguir, manifiesto que condeno que Hamás (un movimiento en cuya creación colaboró el Gobierno israelí con la intención de que dificultara los crecientes éxitos de la OLP de Arafat) lance cohetes artesanales contra las poblaciones limítrofes de Israel. Sin embargo, la muerte y destrucción sembradas en Gaza en estos días son infinitamente superiores a los daños causados en años por dichos proyectiles.

La respuesta del Goliat judío, en palabras de Gideon Levy, antiguo asesor de Simon Peres, "excede toda proporción y traspasa todas las líneas de lo humano, de la ética, del derecho internacional y de la sabiduría". Es lícito preguntarse por qué el Gobierno israelí, que monopoliza la fuerza, no ha intentado agotar las vías negociadoras y diplomáticas antes de desencadenar lo contemplado en todas las televisiones. Sólo si hubiera fracasado ese camino, la opinión pública habría entendido una iniciativa militar gradual, proporcional, contra Hamás.

Livni, ministra de Exteriores y candidata electoral por Kadima, afirmaba el 27 de diciembre que "Israel no atenderá llamadas a la tregua con Hamás porque es un grupo terrorista". ¿Acaso el Gobierno de Tel Aviv no desea el proceso de paz? Los hechos son tozudos. Ehud Olmert, sucesor de Ariel Sharon, ha proseguido, con otras formas, la misma política que su antecesor: implacable extensión de las colonias judías en los territorios ocupados (contra las resoluciones de Naciones Unidas, la Hoja de Ruta del famoso Cuarteto y contra el plan de Bush lanzado en Annapolis hace un año), ampliación del muro de la vergüenza que confisca más territorio en Cisjordania, y oposi-ción a la devolución de Jerusalén Este. Se diría que Israel no quiere Estado palestino alguno, viable o no.

Los sucesores de Sharon han continuado, por un lado, su peculiar "vía diplomática", esto es, no sentarse a una genuina mesa negociadora, exigir condiciones previas imposibles y no manifestar voluntad política alguna. Y por otro, con la matanza ocasionada en Gaza, se han adherido a la descarnada filosofía que Sharon expresó ante el Parlamento el 4-3-02: "Los palestinos deben sufrir mucho más hasta que sepan que no obtendrán nada mediante el terrorismo. Si no sienten que han sido vencidos, no podremos regresar a la mesa de negociaciones".

"No obtendrán nada mediante el terrorismo". ¿Y qué hemos obtenido por otras vías? se preguntarán muchos palestinos, ahítos de comulgar con ruedas de molino, hartos de no divisar -porque no se les ofrece- ningún genuino horizonte político. Bien se encargó de remacharlo Dov Weisglass, hombre de confianza de Sharon y negociador con la Administración de Bush: "El significado de lo que hemos acordado con los americanos es la congelación del proceso político. Y cuando se congela ese proceso, se impide el establecimiento de un Estado palestino y la discusión sobre los refugiados, las fronteras y Jerusalén. Todo el paquete conocido como Estado palestino ha sido eliminado de nuestra agenda indefinidamente". (Entrevistado por Haaretz, 8-10-04).
¿Qué cestos se pueden fabricar con tales mimbres? Nada indica que el acuerdo Weisglass haya sido cancelado por la improductiva conferencia de Annapolis y todo señala que la devastada Gaza de estos días es una nueva, cruel y terrible operación de la marca Sharon: "Los palestinos deben sufrir mucho más".
Si la estrategia Sharon/Weisglass constituye la columna vertebral de la política del Estado judío, la lógica lleva a establecer que no persigue el fin de la ocupación ni la devolución de los territorios conquistados, sino que -como editorializaba El País el 29 de diciembre- "quiere paz más territorios", cuando, como preconizan las resoluciones de Naciones Unidas (que Israel ignora), únicamente puede haber paz si se devuelven los territorios a sus legítimos dueños.

De ser así, Goliat quedaría atrapado en una peligrosa e inconsecuente paradoja. La confirmación de la ocupación y la negativa a un Estado palestino implicarían, por una parte, la continuidad ad infinitum de la condición de ocupante y, por otra, el elevado crecimiento demográfico palestino acabaría amenazando el exclusivo carácter judío -tan querido por muchos- del Estado de Israel. Cierto es que hasta la fecha Tel Aviv ha despreciado e ignorado, como tantas otras cosas, el estatuto de ocupante contemplado por el derecho internacional, lo que ha hecho -como resalta el jurista israelí David Kretzmer- que lleve viviendo en una burbuja jurídica durante cuatro décadas de ocupación.

Porque, de un lado, el Gobierno de los territorios ha estado basado en la fuerza y en los poderes de un comandante militar. Y, de otro, las autoridades ignoraban las restricciones que la Convención de Ginebra impone, en especial la prohibición de trasladar parte de la población ocupante (400.000 colonos al día de hoy) a los territorios ocupados, así como la ilegalidad que supone la confiscación de propiedad privada y la obligación de mantener la pública en calidad de fideicomiso.

Que la línea Sharon/Weisglass fracase y el sentido común y político se imponga algún día depende en gran medida de la estrategia que adopte el nuevo presidente Obama. Un historiador judío, Avi Shlaim, clasifica a los presidentes norteamericanos en dos escuelas: la del "Israel, primero" y la que denomina escuela equilibrada. Dice que la mayoría han pertenecido a la primera, constituyendo Carter y Bush padre dos notables excepciones y siendo Bush hijo el más pro-israelí. Refiriéndose a Oriente Próximo, Shlaim sostiene que, de cara a un acuerdo viable, "un presidente norteamericano ha de ser equilibrado y no sólo lograr seguridad para Israel, sino también justicia para los palestinos". En esto consiste el reto de Obama. Esperemos que prestigie la escuela equilibrada.

En el siglo X antes de Cristo, el gran rey Salomón, hijo del rey David, contribuyó a una de las primeras formulaciones de una paz internacional que la Biblia recoge: "Yavé dictará sus leyes a numerosos pueblos, que de sus espadas harán rejas de arado y de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra gente ni se ejercitarán para la guerra". (Isaías, 2-4). A pesar de la loa y la fanfarria con que se le obsequia en Israel, no parece que hasta ahora Salomón haya gozado de excesivo predicamento a este respecto.

Emilio Menéndez del Valle.

viernes, 2 de enero de 2009

MANIFIESTO DE LA COMUNA SIN NOMBRES. ACERCA DE LA EDUCACIÓN.

"Lo que hay que enseñarles a los niños y niñas y a los menos hechos es sencillamente a desobedecer, a decir NO a cualquier mandato, a cualquier información o doctrina que les venga de arriba, de cualquier puesto del Poder.

Decir NO es lo solo que sabe y puede hacer lo que entre la gente quede de pueblo y de común por debajo de las personas, sometidas al Poder y que por tanto no pueden hacer de veras nada en contra de Él.

Lleno está el mundo de protestas, más o menos bienintencionadas, y denuncias contra ciertos abusos exagerados y horrores detonantes que a unos u otros les eche encima la Administración: partidos y sindicatos de oposición a tal o cual tipo de Estado o Capital, asociaciones en defensa de los más escandalosamente oprimidos y desvalidos, novelas o películas que quieren poner ante los ojos del gran público las penas y miserias de guerras, o pasadas o casi contemporáneas, de pestes y esclavitudes promovidas por la Fe o la Patria de los amos o el Negocio por todo lo Alto...
creyéndose que todas esas denuncias van a hacer algo contra el Poder, algo que valga más que el daño que en tanto hacen al colaborar con Él como críticas dentro de Su Orden, constructivas, o al servir como espectáculo que horrorice un rato y reconforte a los que no se sienten tan oprimidos o machacados.

Y hasta vendrán días, como tantas veces ha sucedido, en que un Estado, empujado por enredos de su Economía, mande alistar jóvenes para una guerra contra Otro que se preste al caso, o que les exija sacrificar el tiempo de sus vidas a la Fe en el Futuro que el Poder y sus Medios les presentan, o que los mande a emigrar en masa a buscar los Centros que el Capital haya montado para Sus manejos y a vivir en los recovecos de sus basureros y a criar en ellos hijos para el Cielo, o que les ordene dedicar los años de su juventud y más allá a trepar por una escala de puestos, oposiciones, promociones a cargos cada vez más altos y más serviles, sin que se distraigan del tráfico parándose a pensar en lo que les está pasando, sino a completar su formación con las diversiones o juguetes que el Amo quiera venderles o regalarles.

Y entonces, cuando lleguen esos trances de guerras o ruinas o vacíos o desastres más declarados, vendrán, como otras veces, los que quieran llamar a los chicos y chicas a la rebelión, a tener el valor de desertar y de no tragarse lo que les mandan.

Pero entonces será demasiado tarde: ya desde niños los habrán educado en la obediencia, en casa, en la escuela, por la pantalla, en los estadios; ya estarán hechos a tragar sin sentir los sustitutos: los habrán convencido, más o menos a regañadientes, de que lo que se les manda que crean o que compren es bueno, que no tienen más futuro que el Futuro que los mayores y los Medios les ofrecen y para el que los preparan.

Y, así educados, el intento de algunos de rebelarse y desertar, en medio de la avalancha de las mayorías obedientes, claro está que ha de volverse tan penoso y costoso que ya tampoco valga la pena luchar por sostenerlo.

La (contra)educación tiene que haber empezado mucho antes: haberse criado la costumbre de decir NO, sin distinción alguna entre tipos de Amo, de Educador, de Nación, de Cultura, de Banca ni de Marcas de Productos; en la casa, en la escuela, en los bares, en los Centros de Formación que les toquen a los niños, que sepan aprovecharse (claro) con buen oído y apetito de cualquier cosa que por ahí, por descuido, les pueda caer de bueno, deleitoso de veras, descubridor, desengañador, pero sin creerse nada, y, a cualquier recomendación de aplicar eso para ser como han de ser y para el futuro que de mayores les espera, reírse por lo bajo y desentenderse de ella tranquilamente.

Esa (des)educación es lo que puede valer algo contra la Administración de muerte que el Poder les impone a las gentes y a las cosas. Así que lo que hay que hacer, y siempre se puede gracias a lo que a los mayores les quede de limpio y desengañado, es enseñarles a los niños y niñas y a los menos formados a desobedecer sencillamente, sin distraerse con las fachas de tal o cual padre o profesor o presidente o Régimen que les toque, a decir NO a cualquier mandato, a cualquier información o doctrina que les venga de arriba, de cualquier puesto del Poder."

Agustín García Calvo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

LA PUTA DE BABILONIA.

"La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristo loco el rabioso y a Pedro el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calum-niadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antise-mita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traido-ra, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretri-ces, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria [...]"

Fernando Vallejo.

sábado, 27 de diciembre de 2008

FRANZ KAFKA: LA LIBERTAD DEL ESCARABAJO.

"La marioneta se mueve siempre mediante el impulso de un ser que se halla detrás de las bambalinas. La sonrisa siniestra y las extremidades articuladas de estos muñecos son, tal vez, la expresión de ese otro yo que cada uno lleva dentro. Praga es la patria del robot, una palabra que en checo significa esclavo. No se puede entender a Kafka sin ese laberinto de Praga donde permanece todavía la memoria inquietante de astrólogos, robots, muñecas de porcelana, quiromantes y vampiros hibernados, el Golem, androide de barro con poderes ocultos creado por el rabino Löw en la Edad Media que duerme entre las vigas de la vieja sinagoga de Pinkas, una conjunción de fuerzas negras en busca el oro filosófico torturado por los alquimistas. El subsuelo espiritual de Praga alimenta todos los terrores y maleficios que desconocíamos hasta que Kafka les dio un nombre. Esta atmósfera cargada puede aplastarte hasta transformarte en un escarabajo.

El gueto de Praga fue demolido a finales del siglo XIX y aunque Kafka ya no vivió en él, su hedor humano le penetró el subconsciente. Kafka lo expresó así: "En nosotros siguen vivos los oscuros rincones, los pasajes misteriosos, las ventanas cegadas, los patios sucios, las ruidosas tabernas, y las posadas cerradas con llave. Recorremos las anchas calles de la ciudad nueva, pero nuestros pasos y miradas son inseguros. La ciudad judía vieja e insalubre que hay en nosotros es mucho más real que la ciudad nueva e higiénica que nos rodea. Despiertos vamos atravesando un sueño: no somos más que fantasmas de tiempos pasados..."

En el viejo cementerio judío de Josefov el fuego fatuo es un grajo que levanta el vuelo entre las estelas mohosas hacia las espadañas crispadas de la iglesia de Nuestra Señora de Tyn en la plaza del Ayuntamiento. Alrededor de esta plaza se movió la existencia de Kafka. Muy cerca se halla la casa donde nació, en una esquina estaba la tienda de objetos de regalo de su padre, al pie de la columna de la Virgen se citaba con su amigo Max Brod. La familia de Kafka cambió de aposento al menos veinte veces a lo largo de la vida del escritor siempre en un círculo muy constreñido alrededor de la plaza Vieja. Todos han desaparecido. Es inútil buscar su rastro.

Franz Kafka había nacido aquí en 1883, hijo mayor del comerciante Hermann Kafka y de Julie Löwy. El padre descendía de un carnicero judío, pobre pero temido, de Osek; la madre procedía de una familia judeoalemana de Podebrady, respetable y acaudalada, fabricante de paños y de cerveza, en la que también había talmudistas, médicos, eruditos, conversos y solterones excéntricos. Kafka era de raza judía, pero no practicaba su religión; era checo pero no hablaba la lengua nacional. Fue educado en la dominante cultura y lengua alemana, la del enemigo interior. Era una forma de no ser de nadie, un extranjero en su propia patria. En la calle Celetná estaba el instituto donde estudió el bachillerato y después se licenció en Derecho en el Clementinum, sin vocación, obligado por el padre en cuya sombra ominosa descubrió el enigma de los tiranos.

En esta época Kafka ya escribía en secreto diarios y relatos con la misma obsesión con que los destruía. Era un joven alto, flaco, de tronco corto y de piernas largas, enamoradizo, asiduo de tabernas y burdeles. Aunque tenía un diseño de grajo con huesos muy puntiagudos, un poco siniestro, su espíritu tendía con furia hacia el placer, que su padre y la tuberculosis reprimieron tempranamente. Amaba los deportes, iba a nadar a la Escuela Civil de natación en el río Moldava y a remar en su propia barca bautizada con el nombre Bebedor de Almas. Muchas veces tomaba el tranvía hacia la última parada y se perdía en los bosques. Pasaba largos veraneos en los pueblos de origen de sus padres, en sanatorios naturistas, en balnearios, en ciudades del imperio, Berlín, Viena, Múnich, Budapest, y luego en París, en el lago Garda, en la costa danesa, en innumerables excursiones en las que le solía acompañar su amigo Max Brod y en cada lugar se las arreglaba para encontrar una amiga, una amante adicta a su tortura interior, que le ayudaba a sacudirse de encima el peso de Praga, con sus piedras carbonizadas. Kafka no amaba a su ciudad, por eso la penetró con su obra como a una ramera.

La estudiante Hedwig Weiler fue su primer amor de verano en Trest con la que se carteó durante algún tiempo. Con la berlinesa Felice Bauer estableció un noviazgo convulso lleno de misivas, dudas, rupturas y reencuentros. Luego entró en su vida la suiza Gerti Wasner, que en los diarios de Kafka aparece sólo con las iniciales. En enero de 1919 conoció a Julie Wohryzek en la pensión Stüdl y con la que se prometió unos meses después. Milena, casada con Ernest Pollak, ocupó durante este tiempo su cabeza y en sus brazos comenzaron los primeros vómitos de sangre. La actriz Dora Diamant llegó a continuación y con ella convivió los últimos meses de su vida. Con ninguna de sus amantes llegó a superar la neurosis del amor, la misma que sufría frente a la figura del padre, angustias y promesas rotas en el último momento, barreras que nunca pudo saltar.

Para algunos escritores bohemios y secretos como Kafka la noche era una frontera. Las veladas artísticas en casa de Berta Fanta adonde solía acudir Einstein cuando estaba de paso por la ciudad y los cafés literarios se habían constituidos en cátedras del pensamiento explosivo donde se predicaba la revolución o se ahondaba en la propia angustia personal. Kafka había sintetizado en su espíritu todas las contradicciones de las corrientes expresionistas de entreguerras, que irrumpían en la nocturnidad de Praga. En el Café Louvre tenía asiento reservado con sus amigos. Allí se hablaba de filosofía, sobre todo de Kant y Hegel; de física cuántica, de psicoanálisis, de nada. Al terminar la tertulia Kafka regresaba a casa, muy alta la noche, con bombín y traje negro pisando los adoquines mojados de la plaza Vieja o desde el castillo bajaba sobre la nieve por el oscuro Callejón del Oro, que arranca de la Torre de los Alquimistas sobre el foso de los Ciervos, sin salida, donde el enigmático emperador Rodolfo II despeñaba a sus enemigos. En el verano de 1916, después de unas vacaciones con su novia Felice en Marienbad, Kafka encontró un pequeño estudio en el número 22 de este callejón. Aquí se retiraba a escribir por las tardes, después del trabajo de abogado de Seguros, hasta altas horas de la madrugada. "Quizá hay otras maneras de escribir, pero yo no conozco más que una; de noche, cuando la angustia no me deja dormir". Luego volvía a la ciudad por la antigua escalinata del palacio.

Al final de todo cuanto sabemos de la biografía de Kafka, uno se pregunta qué significa la palabra Kafka. Significa saber que la única forma de escapar consiste en convertirte en un escarabajo para huir por la rendija debajo de la puerta antes de que venga tu padre a aplastarte; asumir que eres un individuo cuyo apellido es K nacido sólo para ser juzgado; aceptar previamente la condena y precipitarte en el río Moldava para ahogar la culpa; trabajar como un robot en una oficina de Seguros y soñar con lejanos países mahometanos; convertir toda la belleza de Praga en un maleficio; vomitar sangre, transformar el terror en un humor muy inquietante y destruir o quemar todos los papeles escritos, pero tener un amigo fiel, como Max Brod, dispuesto publicar tus cuadernos después de muerto, que serían en el futuro pasto interior de psicoanalistas.
Murió en el sanatorio Hoffmann, en Kierling, cerca de Viena, el 3 de junio de 1924, a los 41 años. Dora Diamant le cerró los ojos. Cuando al final de su enfermedad Kafka ya no podía soportar el dolor, le recordó a su amigo, el doctor Klopstock, la promesa que le había hecho de inyectarle una dosis mortal de morfina y como en el último momento el médico dudara, Kafka le dijo: "Mátame, si no, serás un asesino".

Manuel Vicent.

jueves, 25 de diciembre de 2008

25 DE DICIEMBRE.

A las que se muerden las uñas. A los que tienen cosquillas. A los que se orinan fuera. A los que se enamoran muchas veces en el mismo día. A los que se enamoran a tontas y a locas. A los que se enamoran de tontas y de locas. A las que tienen poco pecho y se preocupan. A las que tienen mucho y se preocupan más. A los que no tienen novia. A los que viven del cuento. A los que viven para contarlo. A los que dicen al oído cosas bonitas y de amor. A las que las escuchan. A los que no les sale barba. A los que no tienen amigos. A los que nadie les llama. A los que no creen en la literatura comprometida, en el cine con mensaje y en el buen corazón de las putas. A los que les gusta cenar fuera. A las que quedan por primera vez con un chico. A los que nunca van a clase. A los que siempre pierden las apuestas. A los que siempre pierden. A los que se levantan con mala cara. A las que no creen en el amor libre sino en el amor obligatorio. A los que siempre están pensando en lo mismo. A Lidia, que estudió Filología Hispánica. A Patricia. A Natalia. A los que nunca llevan paraguas. A los esquizofrénicos, oligofrénicos y cuadrofénicos en general. A los revolucionarios que tienen que estar pronto en casa. A Sara. A Carmen. A los que leen en el baño. A los que regalan flores. A los que tienen miedo. A las que duermen sin almohada. A los que siempre quieren tener razón. A los que nunca la tienen. A los que no creen. A los que miran los escotes a las chicas. A los que han leído a Proust y se enamoraron, para siempre y sin remedio, de Albertina.

lunes, 22 de diciembre de 2008

LOS SACRAMENTOS MEDIEVALES.

"Jesús ha prometido salvación a quien sea capaz de amarle de modo incondicional, y el Sermón de la Montaña identifica correctamente a ese tipo psicológico cuando empieza bendiciendo a «los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos». Desde su perspectiva la lucidez mundana sólo puede engendrar angustia, mientras el simple —también llamado «niño» e «inocente»— será redimido al tiempo de las complejidades unidas al más acá y los tormentos del más allá. Infelices y crédulos se han entrelazado de modo armónico en la figura del pecador, que obra como no quisiera debido al conflicto entre su alma y su carne, y desde san Pablo los mejores cristianos se reconocen como grandes pecadores.

En algún momento de los siglos oscuros la Iglesia descubre un refugium peccatorum más específico, e introduce el rito originalmente maniqueo de una confesión periódica. Cualquier clérigo puede oír las culpas del fiel, prescribir que cumpla cierta penitencia y absolverle en nombre de Dios y la Iglesia. Si el confesado falleciera de seguido, sin tiempo material para pecar, dispone de una certitudo salvationis que le asegura ir al Cielo o en el peor de los casos al Purgatorio, nunca al Infierno. El rito ocurría en los comienzos una sola vez al año —el Jueves Santo—, pero evoluciona de acto público y colectivo a ceremonia privada e individual, y en 800 es ya un autoanálisis supervisado, que soslaya las posibles indiscreciones del confesor arbitrando para él un voto solemne de secreto.

Primero ha sido un acto obligatorio indirectamente —porque comulgar sin haber confesado podría ser sacrilegio— y luego pasa a serlo directamente, porque se prohíbe no confesar al menos una vez al año. Este desnudamiento íntimo anticipa técnicas freudianas cuando la medicina hipocrática ha sido desplazada por distintas magias, y todo el medievo abunda en personas que gritan «¡confesión, confesión!» cuando sienten algún peligro. Evidentemente, estos fieles «prestan más atención al castigo que al pecado», y del hallazgo que la Iglesia ha hecho al borrar lo primero por medio de una penitencia derivan «otras remisiones e intercambios, presididos por las indulgencias plenas y semiplenas otorgadas con bulas». En definitiva, «la meta no es tato reconciliarse con Dios Padre sino escapar del Dios justiciero».

Hace falta esperar a mediados del siglo xii para que cátaros y otros herejes acusen al clero de «vender el perdón de los pecados», y sólo desde John Wyclif —a finales del siglo xiv— el confesionario es visto como algo que se compadece del simple condenándolo a más simpleza, y a una negligencia apoyada sobre absoluciones mecánicas. Otorgar al clero ese instrumento de de rescate in extremis, dirá Lutero, sólo puede conducir a que las personas sean menos exigentes consigo mismas, y menos dignas del perdón divino. Pero dentro de la misma religión, y en el mismo marco territorial, ha de transcurrir casi medio milenio para que se consolide un cambio de criterio. Lógicamente, la fe que toma partido por el crédulo, y que propone salvarse amando todo salvo el «mundo», rodea de peligros adicionales la independencia y la búsqueda de conocimiento."
Antonio Escohotado.

domingo, 21 de diciembre de 2008

ALBERT CAMUS A SU PROFESOR.

"París, 19 de noviembre de 1957.

Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.

Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

Lo abrazo con todas mis fuerzas.

Albert Camus."

(Esta carta se la escribió a su maestro de escuela cuando recibió el premio Nobel de Literatura.)

ÍTACA.

Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.

Constantino Cavafis (1863-1933)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

EL VINO.

"El vino tiene gran poder, y es cosa que obra contra toda bondad, pues él hace a los hombres desconocer a Dios y a sí mismos, y descubrir los secretos y olvidar los juicios, y mudar y cambiar los pleitos, y sacarlos de justicia y de derecho; y aun sin todo esto enflaquece al hombre el cuerpo, y mengua el seso, y hácele caer en muchas enfermedades, y morir más pronto que debería."

Las siete Partidas.


"[...] el vino y las mujeres, cuando mucho lo usan, hacen a los sabios renegar de Dios."

Eclesiastés, 19, 2.

domingo, 14 de diciembre de 2008

NO VOLVERÉ A SER JOVEN.

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma.

LIBRO DE LOS ESTADOS.

"[...] si acaesçiere que alguna noche non puede dormir luego quando se echa en la cama. o después que a dormido una piesça et despierta et non puede dormir, deve cuidar en las cosas que deve facer para [a]provechamiento et salvamiento de su alma, et acreçentamiento de su onra et de su pro et de su estado. Et porque la memoria de los omnes es muchas vezes olvidadiza, deve tener en la cámara do durmiere con que pueda fazer remenbrança de las cosas que cuidó, et otro día dévelas mandar conplir, segund entendiere que más le cunple. Et desque esto oviere fecho, si non pudiere dormir, deve mandar que leyan ante él algunas buenas estorias, de que tome buenos exemplos."

Don Juan Manuel (1282-1348)

lunes, 8 de diciembre de 2008

CASIDA DE LA ALTA MADRUGADA.

Cuando te acuerdes de mi cuerpo
y no puedas dormir
y te levantes medio desnuda
y camines a tientas por tus habitaciones
borracha de estupor y de rabia

en algún lugar de la Tierra
yo andaré insomne por algún pasillo
careciendo de ti toda la noche
oyéndote ulular muy lejos y escribiendo
estos versos degenerados.

Félix Grande.

OXÍGENO.

No tengo miedo, pero a veces me asusta pensar que estoy a punto de saber quién soy.

Además, llovió toda la noche y me empapé los zapatos.

Quise leer y no pude.

sábado, 6 de diciembre de 2008

GEOMETRÍAS.

Lenguajes exactísimos
sombras de sombras
esconden cuanto nombran.

jueves, 4 de diciembre de 2008

MI COCINA LITERARIA.

"Mi cocina literaria es, a menudo, una pieza vacía en donde ni siquiera hay ventanas. A mí me gustaría, por supuesto, que hubiera algo, una lámpara, algunos libros, un ligero aroma de valentía, pero la verdad es que no hay nada. A veces, sin embargo, cuando soy víctima de irrefrenables ataques de optimismo (que finalizan, por otra parte, en alergias espantosas) mi cocina literaria se transforma en un castillo medieval (con cocina) o en un departamento en Nueva York (con cocina y vistas de privilegio) o en una ruca en los faldeos cordilleranos (sin cocina, pero con una fogata). Metido en estos trances generalmente hago lo que hace toda la gente: pierdo el equilibrio y pienso que soy inmortal. No quiero decir inmortal literariamente hablando, pues esto sólo lo puede pensar un imbécil y a tanto no llego, sino literalmente inmortal, como los perros y los niños y los buenos ciudadanos que aún no se han enfermado. Por suerte, o por desgracia, todo ataque de optimismo tiene un principio y un final. Si no tuviera final, el ataque de optimismo se convertiría en vocación política. O en mensaje religioso. Y de ahí a sepultar libros (prefiero no decir "quemarlos" porque sería exagerar) hay un solo paso. Lo cierto es que, al menos en mi caso, los ataques de optimismo se acaban, y con ellos se acaba la cocina literaria, se desvanece en el aire la cocina literaria, y sólo quedo yo, convaleciente, y un ligerísimo aroma de ollas sucias, platos mal rebañados, salsas podridas. La cocina literaria, me digo a veces, es una cuestión de gusto, es decir es un campo en donde la memoria y la ética (o la moral, si se me permite usar esta palabra) juegan un juego cuyas reglas desconozco. El talento y la excelencia contemplan, absortas, el juego, pero no participan. La audacia y el valor sí participan, pero sólo en momentos puntuales, lo que equivale a decir que no participan en exceso. El sufrimiento participa, el dolor participa, la muerte participa, pero con la condición de que jueguen riéndose. Digamos, como un detalle inexcusable de cortesía. Mucho más importante que la cocina literaria es la biblioteca literaria (valga la redundancia). Una biblioteca es mucho más cómoda que una cocina. Una biblioteca se asemeja a una iglesia mientras que una cocina cada día se asemeja más a una morgue. Leer, lo dijo Gil de Biedma, es más natural que escribir. Yo añadiría, pese a la redundancia, que también es mucho más sano, digan lo que digan los oftalmólogos. De hecho, la literatura es una larga lucha de redundancia en redundancia, hasta la redundancia final. Si tuviera que escoger una cocina literaria para instalarme allí durante una semana, escogería la de una escritora, con la salvedad de que esa escritora no fuera chilena. Viviría muy a gusto en la cocina de Silvina Ocampo, en la de Alejandra Pizarnik, en la de la novelista y poeta mexicana Carmen Boullosa, en la de Simone de Beauvoir. Entre otras razones, porque son cocinas que están más limpias. Algunas noches sueño con mi cocina literaria. Es enorme, como tres estadios de fútbol, con techos abovedados y mesas interminables en donde se amontonan todos los seres vivos de la tierra, los extinguidos y los que dentro de no mucho se extinguirán, iluminada de forma heterodoxa, en algunas zonas con reflectores antiaéreos y en otras con teas, y por supuesto no faltan zonas oscuras en donde solamente se vislumbran sombras anhelantes o amenazantes, y grandes pantallas en las cuales se observan, con el rabillo del ojo, películas mudas o exposiciones de fotos, y en el sueño, o en la pesadilla, yo me paseo por mi cocina literaria y a veces enciendo un fogón y me preparo un huevo frito, incluso a veces una tostada. Y después me despierto con una enorme sensación de cansancio. No sé lo que se debe hacer en una cocina literaria, pero sí sé lo que no se debe hacer. No se debe plagiar. El plagiario merece que lo cuelguen en la plaza pública. Esto lo dijo Swift, y Swift, como todos sabemos, tenía más razón que un santo. Así que este punto queda claro: no se debe plagiar, a menos que desees que te cuelguen de la plaza pública. Aunque a los plagiarios, hoy en día, no los cuelgan. Por el contrario, reciben becas, premios, cargos públicos, y, en el mejor de los casos, se convierten en best-sellers y líderes de opinión. Qué término más extraño y feo: líder de opinión. Supongo que significará lo mismo que pastor de rebaño, o guía espiritual de los esclavos, o poeta nacional, o padre de la patria, o madre de la patria, o tío político de la patria. En mi cocina literaria ideal vive un guerrero, al que algunas voces (voces sin cuerpo ni sombra) llaman escritor. Este guerrero está siempre luchando. Sabe que al final, haga lo que haga, será derrotado. Sin embargo recorre la cocina literaria, que es de cemento, y se enfrenta a su oponente sin dar ni pedir cuartel."

Roberto Bolaño (1953-2003)

viernes, 28 de noviembre de 2008

AMARLA ES DIFICIL.

Es buena, cuando duerme;
el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio
que remonta los sueños.

Cuando calla, es buena
y su voz una premonición olvidada y peligrosa
que arruina el silencio.

Cuando grita o llora
o se lamenta o se divierte o se cansa,
nada puede contener
este dolor alegre que envenena
mis sueños y mi soledad.
Por eso es difícil pensar
en ella, en su cara bondadosa;
abandonarse; por eso
es una cobardía retenerla
y dejarla ir, una pavorosa crueldad.
A veces, cuando lo pienso,
no sé qué hacer con ella,
con este destino luminoso.

Francisco Urondo (1930-1976)