miércoles, 30 de septiembre de 2009

DESPUÉS DE TANTOS AÑOS.

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño.

Luis García Montero.

EL FRÍO.

"No habiendo podido los hombres remediar la muerte, la miseria y la ignorancia, han imaginado, para ser felices, no pensar en absoluto en ellas."

Blaise Pascal (1623-1662)

sábado, 26 de septiembre de 2009

EL OCASO DE LAS IDEOLOGÍAS.

En otro momento histórico, no demasiado lejano, espectáculos como los que tuvieron lugar el pasado mes de julio, con afamados futbolistas convocando multitudes ante el anuncio de su mera presentación como nuevos jugadores de un determinado club, hubiera provocado una catarata de críticas, prácticamente todas construidas sobre el mismo argumento. Tales espectáculos, se hubiera denunciado, constituían la manifestación descarnada de la eficacia de los instrumentos de alienación de nuestra sociedad, que provocan que los individuos aparten su atención de las dimensiones de su vida realmente importantes y las sustituyan por una existencia imaginaria que satisface, también de manera imaginaria, todas aquellas aspiraciones, sueños y anhelos que el mundo real no hace otra cosa que frustrar.

Pero este argumento -¡ay!- se apoyaba en una categoría que entró en crisis (desde el punto de vista de su influencia) junto con el pensamiento marxista, a cuya matriz discursiva pertenecía. Me refiero a la categoría de ideología. En efecto, si algo se reitera hoy por doquier es precisamente que lo más característico de nuestra época en materia de ideas es precisamente el final de las ideologías. El concepto de ideología designa, en realidad, dos acepciones diferentes. Por un lado, lo utilizamos, en el sentido menos riguroso, para designar un conjunto de ideales (es el caso de cuando nos servimos de expresiones como "la ideología comunista", "la ideología liberal", "la ideología anarquista", etcétera), pero también, por otro, nos servimos de él para designar el mecanismo de un engaño social organizado, consecuencia de la opacidad estructural del modo de producción capitalista.

Pues bien, el ocaso de este segundo uso posibilita un meta-engaño, a saber, el de la transparencia de nuestra sociedad. Desactivado el mecanismo de la sospecha -como mucho sustituida por la metafísica del secreto, característica de las concepciones conspirativas de la historia- pueden circular, sin restricción alguna, cualesquiera discursos mistificadores o incluso intoxicadores. Tal vez el caso más flagrante, por la difusión que está obteniendo, sea el de los discursos de la autoayuda. En su libro On Anxiety, la socióloga eslovena Renata Salecl ha hecho sugestivas indicaciones sobre la señalada cuestión y, más en general, sobre ese modelo de vida, cada vez más difundido en nuestros días, según el cual uno debe gestionar la propia existencia con los mismos criterios con los que gestionaría su empresa (si la tuviera). Conviene subrayar que lo más relevante del texto no es tanto la premisa, sobradamente conocida (ya en su obra, de 1974, Anarchy, State and Utopia, Nozick había escrito aquello de que "toda persona es una empresa en miniatura"), como la consecuencia que de ella extrae: asumirnos como dueños de nuestra propia empresa vital en un mundo como éste (en el que los individuos han perdido la posibilidad de incidir en el desarrollo social y político de la sociedad en la que viven) acaba siendo fuente inexorable de ansiedad y frustración.

Pero el ocaso de las ideologías en el segundo sentido -el de mecanismo de ocultación de la verdadera naturaleza de nuestra realidad- también ha generado otros efectos, de diferente tipo. Cuando se da por supuesta la transparencia, la inmediatez entre conocimiento y mundo, desaparece la crítica en tanto que instancia tutelar, articuladora -conformadora- de la sospecha. Si se generaliza la afirmación de que las cosas son tal y como aparecen, de que la realidad no esconde su signo, desaparece la posibilidad de apelar críticamente a la hora de explicar lo que pasa a presuntas instancias (como la estructura profunda de la sociedad capitalista) que desarrollarían su actividad desde la sombra.

Este proceso afecta directamente a la percepción que los individuos tienden a tener de sí mismos. Porque es en el interior de este marco donde se inscribe la deriva -asimismo lábil- que están siguiendo las actuales formas de la subjetividad o, si se prefiere, las configuraciones actuales de la individualidad. Es cierto que hoy asistimos a crecientes demandas de singularidades subjetivas o de autonomía (por ejemplo, en el ámbito de los derechos civiles), pero no es menos cierto que, como han señalado, entre otros, Deleuze-Guattari, se está produciendo una reterritorializacion conservadora de los deseos a favor del beneficio comercial, de tal forma que la aparente y enfática afirmación del individualismo como la norma indiscutiblemente deseable, encubriría la operación de reducir a dicho individuo a mero consumidor, y su mundo de objetos, a nombres de marcas y a logotipos. Se llevaría a cabo de esta forma una reformulación del cogito cartesiano en los nuevos términos de un "compro, luego existo".

A la vista de esto último tenemos derecho a sospechar hasta qué punto aquellas demandas de singularidades subjetivas o de autonomía tienen mucho (no todo, obviamente) de inducidas, esto es, en qué medida son la forma actual, siempre provisoria, de un constructo. Un constructo que, a la luz de las premisas acerca del presente que acabamos de dibujar a grandes trazos, no podrá aspirar a adornarse con algunas de las determinaciones con las que se adornaban sus precursores. Difícilmente, en nuestras circunstancias, podrá reivindicarse forma alguna de subjetividad unitaria, compacta, inequívoca (del tipo persona humana de hace no tanto). Es probable que lleven razón quienes, como Rosi Braidotti (Transposiciones), consideran que estamos abocados a una visión nómada, dispersa, fragmentada que, sin embargo, sea funcional, coherente y responsable, principalmente porque está encarnada y corporizada (y a este último hecho no en vano se le está concediendo una enorme importancia en la reflexión filosófico-política de los últimos años, aunque hay que puntualizar que, algunas décadas antes de la generalización de los discursos acerca de la biopolítica, el Merleau-Ponty de la Fenomenología de la percepción ya enfatizaba la importancia de la facticidad corporal, del a priori carnal, por utilizar su propia expresión).

Si no estuviéramos demasiado atenazados por las palabras (o, peor aún, por los rótulos), acaso lo propio fuera referirse a este sujeto como un sujeto posmoderno o, tal vez mejor, como el único sujeto posible en una época posmoderna. Un sujeto que, a pesar de la creciente evidencia de un universo poshumano de despiadadas relaciones de poder intermediadas por la tecnología, aún mantiene sus expectativas humanistas de decencia, justicia y dignidad. Pero que también ha alcanzado el grado de lucidez y consciencia suficientes como para no hacerse grandes ilusiones acerca del futuro de sus propias expectativas.

En efecto, perdida la eficacia social de las viejas maquinarias productoras de sentido, ahora declaradas de todo punto obsoletas, lo que queda de crítica a menudo da palos de ciego. Refiriéndose a buena parte de la intelectualidad mexicana, el antropólogo de origen catalán Roger Bartra ha hecho unas agudas observaciones, sin duda ampliables más allá de aquellas fronteras, y por completo pertinentes a los efectos de lo que estamos comentando. Tras la caída del muro de Berlín, ha señalado, dicha intelectualidad, huérfana de los viejos dogmas, en vez de aportar nuevas ideas para entender el mundo, desarrolló una sensiblería, un entramado de emociones. Si el marxismo en sus diversas variantes se había revelado inservible para entender el mundo, continuaba la argumentación, se recurría al amor por los agraviados o desposeídos para justificar tanto las carencias ideológicas como la ausencia de políticas realmente avanzadas. A este entramado de pasiones y sentimientos Bartra lo denominaba, en formulación ciertamente brillante, pobretología (por cierto: pobret significa en catalán pobrecillo).

Es como si de lo que se tratara fuera de algo parecido a esto: ya que se nos han desvanecido las formas heredadas de (dar) sentido, necesitamos de forma perentoria encontrar nuevos sectores cuyo sufrimiento nos permita re-identificarnos a través de la única solidaridad hoy al alcance de la mano, a saber, la basada en la mera emoción, en la simple identificación sensible. Si por lo menos ése fuera un lugar firme, tal vez podríamos consolarnos pensando que es el mal menor. El problema sobreviene cuando la gente se emociona más ante los colores de su equipo que ante el sufrimiento ajeno. Y es aquí donde, por desgracia, parece que ya estamos.

Manuel Cruz, El País, 26 de septiembre de 2009.

lunes, 14 de septiembre de 2009

EL REVÉS Y EL DERECHO.

"Los jóvenes no saben que la experiencia es una derrota y que hay que perderlo todo para saber un poco."

Albert Camus.

domingo, 13 de septiembre de 2009

FENOMENOLOGÍA

"Prácticamente todos los días -durante cerca de dos años- inhalé cocaína bastante pura, en cantidades muy rara vez superiores al medio gramo. La dosis cotidiana habitual -distribuida en cinco o siete tomas- venía a ser unos 250 miligramos. No observé insensibilidad a los efectos estimulantes, y el fármaco me resultó útil durante algunos meses para trabajos arduos del momento, como editar los Principios de Isaac Newton. Noté, en cambio, una propensión -no muy marcada- al insomnio y la irritabilidad. Sin embargo, al reconvertir el uso crónico en ocasional descubrí que: a) había olvidado el efecto eufórico posible de la droga, hasta el extremo de confundirlo con sensaciones bastante menos sutiles e intensas; b) me dejaba llevar por estímulos ridículos o incompatibles con mi propia idea del mundo, generalmente ligados a un complejo de autoimportancia. En otras palabras, la cronicidad debilitó ante todo el sentido crítico, la lucidez.

La interrupción del uso no produjo el más mínimo indicio de reacción abstinencial. Para ser más exactos, durante los años de consumo cotidiano tuve siempre lo que Freud -hablando de sí mismo- llamó «una aversión inmotivada hacia la sustancia»; si volvía a emplearla al día siguiente era por una combinación de estímulos, donde destacaban la inercia, cebos de la vida social o un propósito de concentrarme en el trabajo. Creo que los estimulantes sólo crean verdadera ansia -deseo vehemente- a personas con un tono anímico bajo, que tiende a la depresión. Cuanto menos enérgico sea su entendimiento, más fácil les será desdibujar el desánimo con un brote de entusiasmo maníaco."

Antonio Escohotado.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

UN MUNDO FELIZ.

¿Cómo sabéis si la Tierra no es el infierno de otro planeta?

Aldous Huxley (1894-1963)

sábado, 29 de agosto de 2009

ANA KARENINA.

"-¿Por amor? ¡Tiene usted unas ideas antediluvianas! ¿Quién se casa hoy por amor? -dijo la embajadora.
-¿Qué le vamos a hacer? Esta antigua costumbre, por estúpida que sea, sigue aún de moda -repuso Vronsky.
-Peor para los que la siguen... Los únicos matrimonios felices que yo conozco son los de conveniencia."

Liev N. Tolstói (1828-1910)

viernes, 28 de agosto de 2009

JUSTICIA VERSUS PODER.

Foucault: Quisiera sólo responder a su primera afirmación, en la que dijo que si no considerara justa su lucha contra la policía no participaría. Quisiera responderle en términos de Spinoza y decir que el proletariado no lucha contra la clase dominante porque considere que se trate de una guerra justa. El proletariado lucha contra la clase dominante porque, por primera vez en la historia, quiere tomar el poder. Y porque derrocará el poder de la clase dominante considera que su guerra es justa.

Chomsky: No estoy de acuerdo.

Foucault: Se hace la guerra para ganarla, no porque sea justa.

Chomsky: Si supiera que la toma de poder por parte del proletariado conduciría a una política estatal terrorista, destructora de la libertad, la dignidad y las relaciones humanas aceptables, entonces no desearía que el proletariado tomara el poder. De hecho, creo que el único motivo por el cual alguien podría desearlo es porque cree, de forma correcta o incorrecta, que a través de la transferencia de poder se alcanzarán ciertos valores humanos fundamentales.

martes, 25 de agosto de 2009

LOS FERLOSIANOS.

"[...] los ferlosianos somos una secta y nos reconocemos bien por un guiño o parpadeo peculiares. [...] Los intereses gramaticales, lo que le agrada más que lingüísticos, del bachiller Sánchez Ferlosio, título que también le suele gustar y usa, le llevaron a largos años de estudio, especulación y redacción de textos, muestra de los cuales fueron los dos compactos tomos de Las semanas del jardín, que vieron la luz, pese a resistencias ferlosianas, gracias a Marta, su querida hija.

[...] Para Ferlosio, la ecuación coherencia y rigor lógico-lingüístico más documentación e información bastante, igual a decoro intelectual, político y ético, es innegociable a la baja. Todo lo cual, en mi estima, convierte a este escritor en nuestro máximo moralista vivo -tal como la moral se entiende en la literatura de Francia- sin dejar de ser el prosista español más alto y potente.

[...] Sus interlocutores, más que maestros del puro narrar -que también, ahí están Cervantes o Kafka-, han sido los grandes cronistas e historiadores de nuestra edad clásica, los moralistas del pasado, Plutarco y Montaigne. Y entre sus contemporáneos, coetáneos y amigos, Víctor Sánchez de Zavala y Agustín García Calvo, gramáticos como él mismo, con alma y temperatura."

Antonio Martínez Sarrión.

sábado, 15 de agosto de 2009

COMPETENCIA.

"En la competencia la ambición individual beneficia al grupo."

Adam Smith.

lunes, 10 de agosto de 2009

EL MIEDO ERA ANTES.

"Me atraco de todas las drogas de la soledad; las del mundo fueron demasiado débiles para hacérmela olvidar."

E. M. Cioran.

jueves, 6 de agosto de 2009

ANUNCIO POR PALABRAS.

"Cambio todo Galdós por una sola página de Stevenson. Razón: ingeniero Benet, calle Pisuerga, 7. Horas comida."

martes, 4 de agosto de 2009

DE CRONOPIOS Y DE FAMAS.

En el verano de 1978, con quince años, había acabado 1º de BUP y decidí ser Julio Cortázar. Lo más difícil era, siendo bajo y gordo, convertirme en un gigante melancólico: el resto (pronunciar mal la erre, fumar con ahínco y escribir a máquina cuentos perfectos, en una Olympia portátil) me parecía cuestión de entrenamiento. Leer a Cortázar era como ir al cine: al terminar, nos volvíamos a contar unos a otros la película. ¿Te acuerdas cuando un tipo no consigue sacar la cabeza del jersey que se está quitando? Y lo escribíamos otra vez con palabras distintas. Un día mi amigo Enrique Rodríguez Moneo me dejó Historias de cronopios y de famas y me cayó encima como un meteorito: el impacto me hizo cambiar de órbita. Aquello ya no se podía contar con otras palabras. Sólo valía leer y dejarse llevar. Si se podía escribir “llueve a gritos”, ¿no valía todo? ¿No salta a la vista que los famas embalsaman sus recuerdos, mientras que los cronopios, los “dejan sueltos por la casa”? “Si puedes definir la diferencia entre cronopios, famas y esperanzas, es que eres un fama perdido”, me advirtió Enrique, como una maldición, y yo entendí: hay que aprender a leer de otra forma, ¿cómo vas a leer las “Instrucciones para subir una escalera” con los mismos ojos de leer a Azorín?

Después del verano, los mayores votaron una Constitución: nosotros también “nos habíamos dotado” por nuestra cuenta de otra, cortazariana. El art. 1 decía: “La literatura es el reino de la libertad”. También tenía su declaración de derechos fundamentales, encabezada por: “Todo lector tiene derecho a no aburrirse”.

Aquel verano los famas cantaban Abanibi quiere decir te quiero amor; los cronopios seguían el Tour (ganó Hinault) convencidos de que era otro episodio de Lou Grant; las esperanzas permanecían inmóviles, porque nunca viajan: “se dejan viajar por las cosas y los hombres”. El juego, como enseña Cortázar, era verdad trágica: Argentina ganó el Mundial con Videla en el palco. Pinochet aplaudía, “y en lo único que se parecían a esa altura de las cosas era en su firme voluntad de seguir bebiendo a expensas de la esperanza”.

Rafael Reig, Público, 1 de agosto de 2009.

domingo, 2 de agosto de 2009

DIÁLOGO SOBRE UN DIÁLOGO.

"A- Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja... Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.

Z (burlón)- Pero sospecho que al final no se resolvieron.

A (ya en plena mística)- Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos."

Jorge Luis Borges.

viernes, 24 de julio de 2009

KANT Y LA CENSURA.

La vida retirada y laboriosa de Kant sufrió una ruda perturbación a consecuencia de un conflicto con el Gobierno. En octubre de 1794 recibió Kant una orden, refrendada por el ministro Wöllner. En ella se decía "La más alta personalidad del Estado ha visto, desde hace mucho tiempo, con gran desagrado, el mal uso que hacéis de vuestra filosofía, desfigurando y menospreciando algunas doctrinas fundamentales de las Sagradas Escrituras y del Cristianismo, como lo habéis hecho principalmente en vuestra obra Religion innerhalb er Grenzen der blossen Vernunft [La Religión en los límites de la razón pura], y en otros folletos. No dudamos que vos mismo comprenderéis que de este modo procedéis impunemente contra vuestro deber, como maestro de la juventud, y contra nuestros paternales deseos. Apelamos al testimonio de vuestra conciencia y esperamos que en adelante evitaréis nuestro desagrado, y que, en cumplimiento de vuestro deber, pondréis vuestro prestigio y vuestros talentos al servicio de los altos intereses de la patria, como es nuestro paternal deseo. En caso contrario, nos veríamos precisados inevitablemente a adoptar medidas desagradables". Todos los profesores y docentes de Filosofía y de Teología de la Universidad de Königsberg tuvieron que firmar, además, una declaración, según la cual, se abstendrían de dar lecciones sobre la doctrina religiosa de Kant.

lunes, 20 de julio de 2009

REPÚBLICA CONSTITUCIONAL.

"El complejo de culpabilidad franquista padecido por el Rey Juan Carlos y por el Presidente Suárez, unido a la ley del péndulo que los pueblos siguen cuando carecen de dirigentes políticos responsables, impulsaron la fuga hacia una descentralización del Estado que, en lugar de racionalizar la Administración y desconcentrar el poder, parió de la nada 17 Autonomías y tres nacionalidades, multiplicó el gasto público, fomentó 17 concentraciones de poder oligárquico, hizo de la corrupción el primer factor de la acumulación de capital y propició la creación de un oligopolio mediático al exclusivo servicio de la nueva oligarquía política."

Antonio García Trevijano.

martes, 14 de julio de 2009

SODOMA Y GOMORRA.

"Nos curaríamos de todo romanticismo si, para pensar en la persona que amamos, nos pusiéramos en el que seremos cuando hayamos dejado de amarla."

Marcel Proust.

domingo, 12 de julio de 2009

LEYENDO.

"Para intentar que no se siga confundiendo la lengua con la escritura: la lengua (recuérdalo, lector) no es de nadie, y se le da a cualquiera sin distinción de clase o sexo, el solo invento que no se vende, gratuito más que el agua o que el aire: la escritura, en cambio, tiene dueño: es de los señores, de los sacerdotes y, bajo el régimen democrático, de todo el que en la escuela la haya adquirido, sabiendo que vale mucho y que sólo con ella puede manejarse en este mundo y ganar puestos en la escala de la sociedad; como que escritura es la cultura, y en ella está el comienzo mismo de la historia: de lo de antes, de cuando habría por ahí hablando gente, sin huella y registro escrito, no se sabe.

Esta diferencia parece clara, ¿no? Y, sin embargo, habrán de seguirse confundiendo, porque es que el Orden Social, y uno mismo en sus adentros, tiene sumo interés y gran empeño en que se confundan, esto es, en que la lengua no sea otra cosa que la escritura, la cultura, que es lo que ellos saben y manejan, y aun le ponen reglas y lo pagan debidamente, mientras que descubrir lo que ni uno ni sus amos saben, que hay algo por debajo de lo sabido y que uno (ni sus amos) no sabe lo que hace cuando habla, y que habla así de bien gracias a que no lo sabe, eso (¿verdad, lector?) es algo peligroso, y por lo tanto se rehuye.

Algo hay que aclarar en este trance: que es que domina mucho la idea de separar lo que hacen otros medios, como la televisión ante todo, y contraponerlo con la escritura y la lectura, y así, con la mejor intención, se lanzan campañas a favor de la lectura contra la entrega a la pantalla de televisores y ordenadores; pero no es así: todos los medios de formación de personas, por imágenes "que dicen más que mil palabras" o por conversión de las palabras (escritas) en números de códigos digitales, no son más que desarrollos de la escritura, y se sobreponen igualmente a la lengua viva; también, a su modo, las grabaciones de la voz, que ya, al reproducirse, no pueden decir acaso algo, sino sólo lo que está dicho.

¿Es esto un desprecio de la lectura? No, lector: ni siquiera esto mismo que te escribo habría alcanzado a descubrirlo sin la ayuda de algunas cosas que de vez en cuando se han dejado escribir los pocos sabios que en el mundo han sido; ni aun la voz de aquellos que, como Sócrates o Cristo, sentían ya la traición de la escritura y la rechazaban, habría llegado hasta nosotros a no ser por medio de los escribidores, Platón o los evangelistas: de tantas contradicciones estamos hechos, y gracias por ello a los ángeles sin nombre que se nos entrecruzan por el camino.

Pero óyeme, lector, si puedes, todavía un poco: es cierto que, ya de hace siglos, se nos ha impuesto la técnica de leer con los ojos, sin musitar siquiera con los labios, y hasta la habilidad de leer en diagonal, de un vistazo, páginas enteras; pero eso no quita, ni acaba de matarlo nunca, la posibilidad de leer en voz alta, esto es, de devolver las palabras escritas a los aires.

Todavía no hace mucho (hasta el triunfo casi global, hace cosa de un siglo, del régimen democrático) duraba en las escuelas mismas la costumbre de que los niños aprendieran de memoria fábulas u otras poesías que pudieran luego recitar en alta voz y hasta uno solo musitárselas a sí mismo de vez en cuando; y duraba en algunos sitios la tradición de poesía popular (es decir, anónima), no sólo de canciones o baladas, sino también de largas epopeyas; que, aunque a veces se anotaran para ayuda de la memoria, volvían a vivir en el canto o recitado; y hasta, ¡qué diablos!, yo mismo (ya ves, lector, cómo es uno de viejo y fiel) no hago más que arrancar de los escritos donde las he aprendido largas tiradas de Homero, Safó, Píndaro, Virgilio, Horacio, fray Luis de León, Machado, Unamuno..., para echarlas al aire mientras me afeito o canturreármelas para adormecerme un poco al estrépito de la feria.

Claro está, lector, que, al leer así, al volver de la escritura a la lengua viva y dejar a las palabras libres por el aire, ellas van inevitablemente a mudarse, a olvidarse de la fidelidad a lo escrito y venir a dar, con más o menos aciertos o desgracias, en incesantes variaciones, como sólo en variaciones la poesía anónima vivía: ése es el peligro de esta manera de leer, y ésa es (o ¿qué otra cosa te creías?) la libertad; la de las palabras, hombre."

Agustín García Calvo, El País, 12 de julio de 2009.

viernes, 3 de julio de 2009

...

"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos."

Pablo Neruda.

martes, 30 de junio de 2009

CARTA CON RESPUESTA.

Quien definió la religión como opio del pueblo no andaba muy descaminado. Las personas que rezan, sufren beneficios neurológicos gracias a las modificaciones en sus conexiones neuronales. Los efectos de la práctica religiosa coherente son altamente positivos y éste es el factor preeminente para aumentar la calidad de vida de las personas. No es difícil concluir que, quienes arrinconan a Dios o a su Iglesia de las culturas e ideologías presentes en el mundo, se erigen en enemigos del bienestar humano. Dios nos creó y conoce a la perfección cuánta necesidad tenemos de él para vivir en una felicidad acorde con nuestra naturaleza, elevada por él hasta la divinidad. Necesidad también de pedirle perdón para dar cauce, en nuestra conciencia, a todo lo que nos angustie y aprisione.
EVA CATALÁN. BARCELONA

¿Dice usted que “no es difícil concluir” eso? A mí me parece francamente difícil, salvo avería en el piso alto, porque no veo la menor conexión lógica. El tabaco (o las drogas) también tiene probados efectos neurológicos, hasta el punto de que se recomiendan para algunas enfermedades. ¿Es fácil concluir entonces que quienes no fuman o no se drogan “se erigen en enemigos del bienestar humano”? ¿O el efecto de la oración es precisamente modificar las conexiones neuronales hasta que uno acabe sacando con facilidad semejantes conclusiones? Fascinante. ¡Y encima es droga legal!
Como decía Barthes, es el lenguaje el que nos habla. Los católicos, dice usted, “sufren beneficios”. Sufrir beneficios me parece una brillante definición unamuniana del espíritu religioso y sado-masoquista. Por mi parte, prefiero disfrutar los beneficios: el sufrimiento se lo dejo a ustedes. ¡Si yo disfruto hasta de lo que me perjudica, imagínese!
Por último, si tanto lo necesita, pida perdón, que usted sabrá por qué. Yo a Dios no le concedo el más mínimo derecho a darse por ofendido. Sin embargo, si Dios quiere pedirme perdón a mí (y sobran motivos), estoy dispuesto a concedérselo. En mi pueblo somos así: generosos. Es más, si pide perdón, que se pida también don Dios lo que quiera en la barra y que lo apunten en mi cuenta.


Rafael Reig, Público, 29 de junio de 2009.