lunes, 30 de enero de 2012

SALVO EL CREPÚSCULO.

No aceptar otro orden que el de las afinidades,
otra cronología que la del corazón,
otro horario que el de los encuentros a deshora,
los verdaderos.


Julio Cortázar.

domingo, 29 de enero de 2012

A GRANDES MALES...

Grandes remedios? ¡No, por Dios! Eso sería sumamente peligroso: podría llegar a atentar contra el propio mal, y entonces ¿qué iba a ser del régimen del bienestar?

Estoy hablando de lo que todo el mundo habla: de la actualidad política, o séase económica, de nuestros Estados, inquietante ciertamente, por no decir que desastrosa: es la que durante largos años se ha venido llamando crisis, que últimamente toca entre nosotros a las exigencias de la unión económica europea para con los países menos educados o bien regidos, y que en todo caso afecta justamente a los Estados desarrollados, sean los europeos, los unidos de América o el Japón, de tal modo que se trata evidentemente de un mal inherente al régimen del bienestar en que ha venido a parar el desarrollo.

Me paro aquí a hacer notar, por si hacía falta, la enorme desproporción (numérica, dineraria) de las medidas que políticos, financieros y economistas proponen, imponen a sus poblaciones y hasta ponen en práctica como buenamente pueden, frente a la magnitud de las faltas, necesidades, estropicios o agujeros que en la economía de los Estados se producen. Otros, más estudiosos que yo de las grandes cuentas y cifras, tienen que haberles hecho saber, aunque sea tímidamente, esa desproporción: que, sumados todos los importes de esos remedios que se han propuesto o aplicado, no podrían montar más que a una mísera fracción de los que las nuevas necesidades y desajustes de Estados, bancas o cualesquiera finanzas representan.

Sin cifras, el mero sentido común descubre que estas medidas o remedios que les sacan hoy los dirigentes son los mismos que se recordaban como propios del antiguo régimen: restringir gastos, apretarse, como decían, el cinturón, y hasta ahorrar, remedios ridículamente impropios para el régimen actual, que se mueve por una circulación dineraria sumamente alejada de las cosas palpables y por el despilfarro y producción de objetos no pedidos ni dirigidos a más consumo que su compra. De manera que, si algo de humor le dejaran vivo a la gente, se reiría de esas medidas y remedios como de una cataplasma aplicada a un cáncer.

Está claro, salvo para quien tenga interés en no verlo, que el mal pertenece al propio régimen actual del mundo desarrollado, el del poder entregado al movimiento del dinero.

Sería una buena ocasión de reconocer que este régimen, con todo su enorme éxito y por la calidad de su éxito justamente, era en su estructura y programa mismo una insensatez, una de las grandes insensateces que jalonan la historia de los seres ilusos que somos: pretender que eso de la vida que podía vivirse se puede cambiar tranquilamente por una dedicación de las personas (y las cosas) a venderse y comprarse unas a otras, y pretender que lo que pasa, está pasando o pueda pasar, se reduzca todo a tiempo, a futuro (que es lo solo con que el dinero sabe trabajar), y que ese futuro contado se tome como un sustituto de la vida y las posibilidades. Esa insensatez, por cierto, no se puede atribuir a ningún economista o mentes preclaras que la hayan inventado y la manejen: así como hoy día no pueden los entendidos en economía y finanzas dar razón de lo que le pasa al dinero (no entienden lo que pasa porque se creen que sí), así tampoco podemos achacarles la fundación ni dirección del régimen del dinero: es más bien el dinero el que, con sus ideas y teorías, los toma a su servicio para hacer de las suyas, esto es, para realizar las funciones que a él solo le corresponden.

Que los males que dan lugar a tantas quejas, arreglos y diatribas pertenecen al régimen mismo del dinero, el sentido común lo dice.

Sería poco amable pensar de mí que con esto estoy proponiendo como sola cura un cambio radical de régimen, un abandono del dinero. No es así. Pero eso no quita para que tenga sentido intentar que mucha gente del común reconozca que los remedios del mal con que los agobian y aburren son una ilusión, engaño y triste divertimiento.

Es cierto que este diario y los demás medios tienen que dedicar larga atención y espacio a esas medidas ilusorias y discusiones consiguientes: al fin y al cabo, la información es seguramente la industria más importante del régimen del bienestar, la que más capital mueve. Pero que ello no quite que, por algún resto vivo de imperfección y duda, se le pueda en este o los otros medios dedicar al sentido común un rinconcito.


Agustín García Calvo, El País, 29 de enero de 2012.

domingo, 15 de enero de 2012

ESTEREOTIPOS, IDEOLOGÍA Y E. A. POE.

"Los que hayan leído textos míos que no sean de ficción, sino ensayos o artículos, habrán podido observar cuánto uso se hace en ellos de citas literarias entrecomilladas, tomadas sobre todo de la prensa. Los diarios, que compro sin recato, mesirven a menudo de andaderas o muletas para mis propias reflexiones. En ellos predomina la apariencia manifiesta de los hechos; y no sólo en las frases literarias que recogen de boca de políticos, sino también en la prosa de los mismos periodistas se deslizan fácilmente, a causa de la urgencia, las rutinas y los comodines de las representaciones comunes y vírgenes.
Siempre he pensado que esas prosas y decires inevitablemente improvisados eran una fuente especialmente indicada para llegar a percibir la ideología imperante. Mi recurso, a este respecto, no consiste en mirar por detrás ni por debajo de tal o cual aparición singular de un determinado estereotipo rutinario, sino en mantenerme en la mera superficie, con la atención despierta para arrimar entre sí distintas recurrencias en textos separados que presenten una cierta relación de analogía perceptible. Aplicando aquí términos propios de la medicina, podría decirse que mi tratamiento no es, en modo alguno, «etiológico», sino estrictamente «sintomático». No cabe duda de que este inevitable vicio de la «superficialidad», de no buscar jamás un «fondo», no es, en modo alguno, el único método posible ni acaso el más recomendable, pero aparte de que no sabría ofrecer otro, no lo encuentro inútil.
Lo ilustraré con un ejemplo sumamente genérico: a cada paso estamos leyendo el estereotipo de «un merecido descanso», fórmula tan manida que ya ni siquiera detenemos el oído. Pero si este estereotipo se nos viene de pronto a la memoria al leer en otros textos diferentes otras dos expresiones parecidas y no menos rutinarias, como «una sana alegría» o «un honesto esparcimiento», salta al instante el timbre que nos advierte de la eventual presencia de una posible ideología. ¿Por qué -nos preguntamos- el descanso tiene que ser «merecido», la alegría tiene quer ser «sana» y el esparcimiento tiene que ser «honesto»? Debe de haber una mentalidad para la que esas tres cosas sólo son tolerables si vienen avaladas por una justificación moral. La prueba inversa, que confirma la sospecha, está en el hecho de que a ninguna de las tres cosas contrarias, a saber: el cansancio, la tristeza y el aburrimiento, se les exija, en absoluto, alguna suerte de justificación moral equivalente. A mi entender, el caso pone de manifiesto la acrisolada pervivencia de una mentalidad para la que todo lo placentero, como el descanso, la alegría y el esparcimiento, sólo es lícito cuando está moralmente justificado. De manera que los tres estereotipos recogidos: «un merecido descanso», «una sana alegría» y «un honesto esparcimiento», serían improntas dejadas en el habla por una añeja tradición de ideología represora.
En un texto ya muy antiguo remitía yo, como de broma, mi manera de discurrir a la de aquel admirable personaje de Edgar Allan Poe en sus dos novelas policíacas, «El doble asesinato de la calle Morgue» y «El misterio de María Roget», o sea el detective aficionado Auguste Dupin, que para la investigación de ambos casos se encerraba con su amigo, el cronista de la historia, en una habitación con luz artificial -incluso durante el día, previo cierre de persianas- y sólo se servía de las reseñas y los comentarios de los periodistas de sucesos para sus deducciones. Pues bien, hace sólo unos días mi mujer, Demetria Chamorro, releyendo aquellas dos novelas e informada de lo que yo quería escribir para esta ocasión, me dijo de pronto: «Mira lo que dice aquí», y me leyó el juicio que a Monsieur Dupin le merecía el método de Vidocq, un inspector de la policía de París, que es el siguiente: «... era un hombre muy perseverante y lograba excelentes conjeturas. Pero, al no tener un pensamiento adiestrado, se equivocaba constantemente por la intensidad misma de sus investigaciones. Alteraba su visión por mirar el objeto desde demasiado cerca... En el fondo se trataba de un exceso de profundidad, y la verdad no siempre está dentro de un pozo. En realidad, creo que en lo que se refiere al conocimiento más importante, la verdad es siempre superficial». Hasta aquí la cita de Edgar Allan Poe, la cual redunda demasiado a favor de lo que he dicho de mis procedimientos como para que no les prevenga honestamente de que ni a Monsieur Dupin, ni mucho menos, por supuesto a mí, nos tome nadie demasiado en serio."


Rafael Sánchez Ferlosio, ABC, 7 de septiembre de 2003.

sábado, 14 de enero de 2012

APUNTES.

"Las naciones son rameras y plañideras."

Elias Canetti (1905-1994).

sábado, 7 de enero de 2012

ROBINSON CRUSOE.

"Y es por esto que el solo nombre de español es tenido por odioso y atemorizador por todas las gentes con humanidad o con compasión cristiana, como si el reino de España se distinguiera particularmente por la producción de una raza de hombres que no tuvieran principios de piedad o las comunes entrañas de compasión hacia los que sufren, lo que se considera la señal de un ánimo generoso."


Daniel Dafoe (¿1660?-1731).

lunes, 26 de diciembre de 2011

VOLVERÁS A REGIÓN.

"Le voy a decir en pocas palabras lo que yo creo que es el tiempo. (…) Es la dimensión en que la persona humana sólo puede ser desgraciada, no puede ser de otra manera. El tiempo sólo asoma en la desdicha y así la memoria sólo es el registro del dolor. Sólo sabe hablar del destino, no lo que el hombre ha de ser sino lo distinto de lo que pretende ser. Por eso no existe el futuro y de todo el presente sólo una parte infinitesimal no es pasado; es lo que fue".
[...]
"Quizá me equivoque, pero ahora me parece tan evidente… sólo lo que no pudo ser es mantenido en el nivel del recuerdo –y en registros indelebles—para constituir esa columna del debe con que el alma quiere contrapesar el haber del cuerpo. Así que la memoria nunca me trae recuerdos; es más bien todo lo contrario, la violencia contable del olvido".
[...]
"Entonces me dije: mírate por dentro, ¿qué guardas en el fondo de tu más íntimo reducto? Ni es amor, ni es esperanza, ni es –siquiera– desencanto. Pero si aplicas con atención el oído observarás que en el fondo de tu alma se escucha un leve e inquietante zumbido –hecho de la misma naturaleza del silencio--; y es que está pidiendo una justificación, se ha conformado con lo que ahora es y sólo exige que le expliques ahora por qué eso es así".
[...]
"Mejor dicho, este mundo no es una trampa, sino un escondrijo (en cierto modo gratuito y frívolo, muy propio del diletante que carece de energías y motivos para abordar una actividad seria) que ese hombre se ha fabricado para ocultarse a su propio demonio. Incluso el humor procede de ahí, de la actitud de quien, quieto y oculto, ve cómo los demás corren frenéticos en pos del agujero que él ocupa" .


Juan Benet.

BOSQUEJO AUTOBIOGRÁFICO.

De noviembre de 1948 a la primavera de 1949 viví sola en Madrid. Mi abuela había muerto hacía poco y algunos de los muebles de la calle Mayor se habían trasladado a un pisito pequeño que compró mi padre en Madrid, regentado por las dos criadas viejas de la abuela, Paula y Marcelina, que eran como de la familia. Con ellas estuve viviendo durante ese tiempo, pero salía y entraba cuando me daba la gana y traía muchos amigos a casa. Habla reencontrado en Madrid a mi antiguo compañero de estu*dios Ignacio Aldecoa, y él me puso en contacto con mucha gente que conocía y que empezó a ser mi grupo: Medardo Fraile, Alfonso Sastre, Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio y Josefina Rodríguez, entre otros. Ninguno, excepto Josefina, era muy buen estudiante ni soñaba con ser profesor, todos llevaban en la sangre el virus de la literatura y empezaban a colaborar en revistas madrileñas, La hora, La estafeta literaria, Clavileño, Alférez, El español y Alcalá. En contacto con este grupo de amigos, mis proyectos universitarios se fueron diluyendo y me relajé bastante en el trabajo de la tesis, que había comenzado sobre los cancioneros galaico-portugeses y que, poco a poco, me empezó a aburrir. A ello contribuyó también el hecho de que el viejo profesor a quien había elegido para que me la dirigiera, don Armando Cotarelo, era un hombre apático, que nunca me estimuló y al que sólo vi dos veces. Trabajaba sola, sin ganas y como perdida en la Biblioteca del Consejo de Investigaciones Científicas. Empecé a escribir cuentos y artículos y a verlos publicados en alguna de las revistas mencionadas. Iba mucho al café, al teatro, a la taberna y de paseo con mis nuevos amigos, mucho menos universitarios que yo, mucho más bohemios, todos ellos buenos escritores. Conocí también a poetas, pintores, actrices y periodistas. Madrid me parecía una ciudad fascinante. Habla decidido que quería vivir siempre allí.
En enero de 1950 me hice novia de Rafael Sánchez Ferlosio, dos años más joven que yo y mal estudiante, pero excelente es*critor. Me dedicó su primer libro, Industrias y andanzas de Alfanhuí, y poco después se fue a cumplir el servicio militar a Tetuán. Nos escribíamos mucho y yo era la primera vez en mi vida que estaba tan enamorada y tan influida por alguien. Había abandonado por completo mi proyecto de la tesis doctoral, así como el de hacer oposiciones para ganar una cátedra. Mi experiencia con aquellas niñas del colegio de la calle Martínez Campos me había revelado que mis dotes para la enseñanza eran más bien escasas.
El 14 de octubre de 1953, me casé con Rafael Sánchez Ferlosio, que había terminado su servicio militar, pero no la carrera. Acababa de fundar con Sastre y Aldecoa la Revista española, que económicamente fue un desastre pero que ahora es muy buscada por los estudiosos porque allí colaboramos todos los prosistas de la llamada «generación de los años cincuenta». Los consejos de Rafael y de Aldecoa me habían servido para abandonar el tono lírico de mis primeras composiciones y para ser más rigurosa y exigente en mi prosa. Mi cuento La chica de abajo, que les había gustado mucho, es seguramente mi primera narración estimable y en ella ya están muchos de los elementos y temas que poste*riormente elaboré mejor. Rafael y yo (a pesar de que él había conseguido un trabajo modesto como secretario de un ingeniero) pensábamos vivir de nuestras colaboraciones literarias.
Después de casarnos, pasamos unos meses en Roma, en casa de los abuelos maternos de Rafael, en la Piazza de Santa Maria sopra Minerva, donde él había nacido. Luego volvimos en otras muchas ocasiones a aquella casa. Los abuelos de Rafael eran una gente encantadora y me encariñé mucho con ellos; la abuela Ida me enseñó a cocinar, que yo no sabía, y se pasaba las horas muertas hablando conmigo. Viajamos también a Nápoles, Florencia y Venecia. Italia se me metió muy dentro y además me puso en contacto con la literatura contemporánea del país, que me influyó mucho, sobre todo Pavese y Svevo. También estuvimos en París.
Desde que me casé vivo en Madrid, en un séptimo piso de la calle Doctor Esquerdo, que mi padre nos regaló, y que tiene una gran terraza. (Lo he descrito con todo detalle en mi novela El cuarto de atrás, durante la conversación con el hombre vestido de negro que me visitó una noche.)
Nunca tuvimos criada, nos repartíamos las tareas domésticas y trabajábamos con total independencia uno de otro. La misma independencia que manteníamos en todo, sin interferir nunca en las amistades ni en las manías del otro, y recibiendo continuamente a los buenos amigos. Él escribía sobre todo de noche, y yo también me volví bastante nocturna y muy poco esclava de los horarios. A ninguno nos gustaba el lujo superfluo de las comidas de ceremonia, lo que más nos unía era el gusto por hablar y el sentido del humor, aunque él es más crítico que yo, más inadaptado y menos sociable.
En primavera de 1954 obtuve el premio Café Gijón por mi novela corta El balneario. Tanto esta novela como todas las que escribí posteriormente no las leyó Rafael hasta que ya estaban terminadas. No quería dejarme influir por sus críticas, que muchas veces me desanimaban. Prefería que me las hiciese cuando el libro estaba ya en prensa.

Madrid, junio de 1980.


Carmen Martín Gaite (1925-2000)

domingo, 25 de diciembre de 2011

LA IMPORTANCIA DE MI MUERTE.

No me importaría morir con aguacero,
pero carezco de paraguas [...]
No me importaría morirme,
si fuera sólo por las mañanas.
Y no todas las mañanas [...]
No me importaría morirme,
si la muerte no fuera una cosa muy seria [...]
Si mi trabajo estuviese bien remunerado,
no me importaría, por mis herederos.
Pero con tal sueldo basta apenas
para ir tirando vivo.


Juan García Hortelano

viernes, 9 de diciembre de 2011

LA REINA (2 AÑOS DESPUÉS).

Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.

Pero tú eres la reina.

Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
La alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.

Y cuando asomas
suenan todos los ríos
de mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.

Sólo tu y yo,
sólo tu y yo, amor mío,
lo escuchamos.
Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.

Pero tú eres la reina.

Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
La alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.

Y cuando asomas
suenan todos los ríos
de mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.

Sólo tu y yo,
sólo tu y yo, amor mío,
lo escuchamos.


Pablo Neruda (1904-1973).

lunes, 5 de diciembre de 2011

EL TESORO.

"Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente. Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos y cuando volvemos a las superficie la gota de agua que pende de una pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar del que procede. Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro."


Maurice Maeterlinck (1862-1949).

LÍMITES.

Culto, irónico, deslizante y difícil de cazar si uno se acerca a sus certezas desde la charca de los lugares comunes sin apreciar esa combinación de audacia y riesgo de su puesta en escena. Limita al norte con Juan Benet, al este con Sánchez Ferlosio y al sur con Agustín García Calvo. Es su barricada feroz. «Para un país civilizado, tener a estos tres pilares es impresionante. Pero aquí ni nos hemos dado cuenta.»

Félix de Azúa, El Mundo, 4 de diciembre de 2011.

sábado, 26 de noviembre de 2011

¿SABE ALGUIEN AHORA...?

"Compartí una anécdota con Rafael Sánchez Ferlosio cuando fuimos juntos a Barcelona para ver a José Manuel Lara, que todavía era un pequeño editor, pero ya influyente, aunque con la carga propia de su ideología. Fuimos a verle, Ferlosio con una novela que se llamaba El pensamiento y que nunca publicó, una novela muy bonita, muy kafkiana, y yo con Duelo en el paraíso (1955), sobre el tema de los niños durante la Guerra Civil. Lara nos recibió a los dos el mismo día, pero en horas distintas, y a mí me dijo esta frase memorable [imita el acento andaluz del editor]: “Loh niñoh, loh niñoh no zon comercialeh”. Con Ferlosio fue mejor, le dijo: “Uztéh ezcribe bien, pero que mu bien, hazta que demaziado bien”, y añadió: “Uzteh, que va a Italia, por qué no me ezcribe una novela de un muchacho ezpañol que conoce una novia italiana, el amor entre loh doh y todo ezo. Porque uztéh, con zu eztilo, uztéh me llegaría a zer un Pombo Angulo”. Cuando nos lo contamos el uno al otro, nos reímos lo nuestro. Un Pombo Angulo, ¡qué ocurrencia! ¿Sabe alguien ahora quién era el tal Pombo Angulo?"

Juan Goytisolo, Público, 30 de noviembre de 2008.

viernes, 18 de noviembre de 2011

DISCURSO DE CARACAS.

"¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso."

Roberto Bolaño.

viernes, 4 de noviembre de 2011

AUTO-ORGANIZACIÓN EN FASE DE DESEQUILIBRIO.

"Prácticamente todos los días -durante cerca de dos años- inhalé cocaína bastante pura, en cantidades muy rara vez superiores al medio gramo. La dosis cotidiana habitual -distribuida en cinco o siete tomas- venía a ser unos 250 miligramos. No observé insensibilidad a los efectos estimulantes, y el fármaco me resultó útil durante algunos meses para trabajos arduos del momento, como editar los Principios de Isaac Newton. Noté, en cambio, una propensión -no muy marcada- al insomnio y la irritabilidad. Sin embargo, al reconvertir el uso crónico en ocasional descubrí que: a) había olvidado el efecto eufórico posible de la droga, hasta el extremo de confundirlo con sensaciones bastante menos sutiles e intensas; b) me dejaba llevar por estímulos ridículos o incompatibles con mi propia idea del mundo, generalmente ligados a un complejo de autoimportancia. En otras palabras, la cronicidad debilitó ante todo el sentido crítico, la lucidez."

Antonio Escohotado.

domingo, 18 de septiembre de 2011

EL MAGNO EVENTO.

"[...] yo, por mi parte, me figuro que casi en cualquier otra nación de este triste Occidente que no sea la nuestra, ante tan desmesurado exceso de fastos, de ritos, de ceremonias, de procesiones, de desfiles de "deprimentes y falleras efigies, que para muchos no son más que tótems", como dice Javier Marías, la población podría haber pensado que la Iglesia estaba haciendo el ridículo ante el mundo, e incluso haber pasado vergüenza los creyentes por el total desmadre de la vida alegre de su Santa Madre sin un solo segundo para mirar a sus hijos, a quienes se proclama consagrada. A ella nada parecen importarle ni los fieles ni Dios mismo, sino tan solo su propia pervivencia."

Rafael Sánchez Ferlosio, El País, 18 de septiembre de 2011.

sábado, 17 de septiembre de 2011

LOS MUERTOS.

"Su alma se desvaneció lentamente al escuchar el dulce descenso de la nieve a través del universo, su dulce caída, como el descenso de la última postrimería, sobre todos los vivos y los muertos".

James Joyce, Dublineses, Alianza Editorial, 2011. (Traducción de Eduardo Chamorro).

viernes, 2 de septiembre de 2011

LEER BIEN...

"Leer bien, es decir, leer verdaderos libros con un espíritu verdadero, es un noble ejercicio, y ocupará al lector más que cualquier ejercicio estimado por las costumbres del día. Requiere un entrenamiento como el de los atletas, la firme intención de casi toda una vida con este objetivo. Los libros deben ser leídos tan deliberada y reservadamente como fueron escritos."


Henry David Thoreau.

jueves, 1 de septiembre de 2011

VIDA DE ARTISTA (II).

El éxito suele ir acompañado primero de ansiedad, después llegan el insomnio, las pastillas, las drogas y finalmente la atracción del abismo.

EN LA CALLE MORGUE.

"Nuestro aislamiento era perfecto. No admitíamos visitantes [...]. Sólo vivíamos para nosotros.
[...] A las primeras luces del alba, cerrábamos las pesadas persianas de nuestra vieja casa y encendíamos un par de bujías que, fuertemente perfumadas, sólo lanzaban débiles y mortecinos rayos. Con ayuda de ellas ocupábamos nuestros espíritus en soñar, leyendo, escribiendo o conversando, hasta que el reloj nos advertía la llegada de la verdadera oscuridad."


Edgar Allan Poe (1809-1849).

miércoles, 31 de agosto de 2011

LOS DIEZ MIL.

"... tengo miedo de que, como los lotófagos, una vez que hayamos aprendido a vivir ociosos y a pasar la vida en la abundancia, y a unirnos con mujeres y doncellas hermosas y altas de los medas y de los persas, olvidemos el camino a la patria."


Jenofonte (ca. 431 a. C. - 354 a. C.)