miércoles, 10 de septiembre de 2008

ESPAÑA Y YO SOMOS ASÍ, SEÑORA.

"El ideal de todos los españoles es que llevasen en el bolsillo una carta foral con un solo artículo, redactado en estos términos breves, claros y contundentes: Este español está autorizado para hacer lo que le dé la gana."

Ángel Ganivet (1865-1898).

martes, 9 de septiembre de 2008

NO ME DES TREGUA.

No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre,
que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil,
no seas caricia ni guante;
tálame como un sílex, desespérame.

Julio Cortázar.

ME LLAMO ERIK SATIE, COMO TODO EL MUNDO.

- Se suplica a los que no lo entiendan que observen con el más respetuoso silencio y que muestren una completa actitud de sumisión, de total inferioridad. Ése es su verdadero papel.
Guía para Vèritables prèludes flashes pour un chien, 1913.

- Esta obra es absolutamente incomprensible, hasta para mí. Su augusta profundidad me sorprende siempre. La escribí a pesar mío, impulsado por el Destino. Sin embargo, no tendré ninguna indulgencia con los que la desdeñen. Que lo sepan.
Sobre Embryons dessechés.

- Nada resulta excesivo para recomendar al auditorio musical esta obra, esencialmente artística, que ha sido acertadamente considerada una de las más bellas del siglo que ha visto nacer a este desgraciado gentilhombre.
Anuncio sobre las Gymnopédies en Le chat noir, 1888.

- Relâche no quiere decir nada. ¿Cuándo nos deshabituaremos del hábito de explicarlo todo? Partitura de Relâche.

- No existe la escuela Satie. El satismo no puede existir. Me mostraría hostil a él. En arte no se precisan esclavitudes. Siempre me he esforzado por confundir a los seguidores, por la forma y por el fondo, en cada nueva obra. Es el medio de que un artista no haga escuela, es decir, de que no se convierta en un pedante.
Pas decasernes, 1920.

- Dadme un poeta: haré de él dos músicos de los cuales uno será cancionista y el otro el pianista que le acompañe. Al cabo de un instante, el cancionista habrá montado un cabaret llamado montmartrense. Unos años después, el pianista habrá muerto alcohólico y el cancionista será príncipe, duque o algo mejor aún.

- ¿Qué prefiere usted: la Música o la Charcutería? [...] En muchos sitios se ha sustituido el excelente y suave silencio por música mala. Está bien visto, por lo general, oír cosas de mal gusto, escuchar tontas cantinelas, algo piadosas, tomando una cerveza o probándose un pantalón; dar la impresión de apreciar los obligados sonoros de los bajos, contrabajos & otros espantosos pitos, mientas no se piensa en nada [...] ¿El remedio? Unos formidables impuestos; terribles vejaciones, severas represiones. Suplicios, incluso. ¿Hay derecho a envilecer fríamente nuestra pobre vida?

- El cerebro de un crítico es un almacén, unos grandes almacenes. Se encuentra de todo: ortopedia, ciencias, ropa de cama, artes, mantas de viaje, gran selección de muebles, papel de cartas francés y extranjero, artículos para fumador, guantes, paraguas, lanas, sombreros, artículos de deporte, bastones, óptica, perfumería, etc. La crítica lo sabe todo, ve todo, dice todo, oye todo, toca todo, remueve todo, come todo, confunde todo y no piensa menos. ¡¡Qué hombre!! ¡¡¡Hay que recordarlo!!! ¡¡¡Todos nuestros artículos están garantizados!!! ¡¡¡Durante el calor el género está dentro!!!¡¡¡Dentro del crítico!!! ¡¡Miren!! ¡¡Aprecien, pero no toquen!! Es único. Increíble.

- Señor, no es usted más que un culo, pero un culo sin música.
Postal al crítico Jean Poueigh tras su crítica a Parade, 1917. Fue condenado por difamación, Juan Gris testificó a favor de Satie.

- Cuanto más conozco a los hombres, más amo a los perros.


Erik Satie (1866-1925)

jueves, 4 de septiembre de 2008

ÁNGELUS NOVUS.

"Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo «tal y como verdaderamente ha sido». Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro. Al materialismo histórico le incumbe fijar una imagen del pasado tal y como se le presenta de improviso al sujeto histórico en el instante del peligro. El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a los que lo reciben. En ambos casos es uno y el mismo: prestarse a ser instrumento de la clase dominante. En toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla. El Mesías no viene únicamente como redentor; viene como vencedor del Anticristo. El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.
[...]
La tradición de los oprimidos nos enseña que la regla es el «estado de excepción» en el que vivimos. Hemos de llegar a un concepto de la historia que le corresponda. Tendremos entonces en mientes como cometido nuestro provocar el verdadero estado de excepción; con lo cual mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo. No en último término consiste la fortuna de éste en que. sus enemigos salen a su encuentro, en nombre del progreso, como al de una norma histórica. No es en absoluto filosófico el asombro acerca de que las cosas que estamos viviendo sean «todavía» posibles en el siglo veinte. No está al comienzo de ningún conocimiento, a no ser de éste: que la representación de historia de la que procede no se mantiene."

Walter Benjamin (1892-1940)

domingo, 31 de agosto de 2008

ESE MALDITO YO.

"Después de la medianoche medita como si ya no formaras parte de la vida o, en el mejor de los casos, como si ya no fueras . Conviértete en una simple herramienta del silencio, de la eternidad o del vacío. Te crees triste y no sabes que estas cosas respiran a través de ti. Eres víctima de una confabulación de fuerzas oscuras, ya que de un individuo no puede nacer una tristeza que no quepa dentro de él. Todo aquello que nos supera tiene su origen fuera de nosotros. Ya sea el placer o el sufrimiento [...] Lo mismo ocurre con la tristeza y con todo lo demás. Estás solo, pero con toda la soledad [...] Las sombras de la eternidad que se ciernen siempre que la soledad está inspirada por un espectáculo de belleza, nos cortan el aliento. ¡Como si profanáramos la infinitud marmórea sólo con el vaho de nuestra respiración!"

Emile Michel Ciorán (1911-1995)

martes, 26 de agosto de 2008

COTO VEDADO.

"Paralelo entre la inopia de las primeras imágenes que conservas y tu experiencia de la noche en que, disuelta en un vaso de té con menta, absorbiste una dosis endiablada de maaxún: sentado en un cajetín de la alcazaba de Tánger, arropado en tu largo viaje con la tranquilizadora vecindad de los jugadores de naipes y aroma sedativo del kif mientras un absurdo televisor difundía en sordina las disquisiciones taurino-políticas de un rotundo presentador de tu fauna. Nada al principio sino ondas, corrientes, aceleraciones que, de forma intermitente o sincopada, recorrían la superficie dúctil de tu cerebro, adunándolo suavemente, como bajo el soplo enardecedor del simún. Conciencia de la importancia del momento, palpable materialidad del lugar, tu presencia central en la trama. Luego, de improviso, una veloz, casi atropellada sucesión de imágenes literarias : símiles, tropos, versos audaces, metáforas deslumbrantes y aéreas, levitación ligera, planeos lentos, vértigo, furiosas caladas. Júbilo conceptual, barroquismo sinuoso, frases implicantes, ovilladas culebras: paroxismo creador de quien, encaramado en las cimas del arte poética, advierte no obstante la avariciosa precariedad de sus dones. Pues las metáforas se imbrican, encabalgan, solapan con rapidez enloquecedora, escurren líquidas entre los dedos, emulan la sabia ingravidez de Góngora, aparecen, fulguran, estallan, burlan tus esfuerzos por retenerlas, te arrastran con ellas asido a su cola. Los intentos de balizar, sembrar piedrecillas en aquel flujo febril, paulatinamente frenético, provocan tan sólo colisiones verbales, fracturas semánticas, bruscos descarrillamientos.Impotente, comprobarás que el fastuoso despliegue del verbo se extingue como un juego de artificio. Nada, absolutamente nada permanece de él: destellos, versos, invenciones geniales se precipitan al olvido. Tu cerebro asiste a la cabalgata y sustitución en su superficie borrosa de docenas de obras maestras milagrosamente forjadas y, como en esos sueños alambicados de los que, al despertar, subsiste apenas una urdimbre en andrajos, así tu dominio fugaz del mecanismo creador como la remota aprehensión infantil del mundo adulto se reducen a unas palabras e imágenes desprovistas de significación, puramente indicativas de un encadenamiento anterior y perdido. Los nombres flotantes de Góngora y Borges, surgiendo como islotes después de una noche inacabable, entretejida de angustia y exaltación; los retazos e instantáneas pueriles, horros asimismo de sutura y contexto, serán, en ambos casos, el triste vestigio de unas impresiones y hechos cuya extrema indigencia descarta sin remedio cualquier tentativa de interpretación."

Juan Goytisolo.

lunes, 25 de agosto de 2008

ALGUNAS PERSONAS...

Algunas personas llegan a un punto de su vida que ya no pueden dar más de sí, ese punto en que tener una esposa o un empleo tropieza con el deseo de descifrar lo insondable de aquellos que pasan inadvertidos. Si ves lo invisible sabrás lo que tienes que escribir.

jueves, 21 de agosto de 2008

EL MUÑÓN DE LA MORAL.

“En los próximos cien años vamos a ser testigos crecientes del deporte doble. Primero, la competencia deportiva en sí y, después, la puesta al descubierto de los tramposos. De ese modo podemos disfrutar simultáneamente de dos programas. También por eso la situación del Partido Antidopaje se asemeja a la de los cristianos en la arena romana: se los siguen comiendo los leones, para deleite del público, pero del hocico del mejor de los leones cuelga un brazo con un dedo índice erguido —con un mensaje desagradable: Si lo que quieren ver es algo como esto, entonces, ¡están moralmente acabados!”

sábado, 16 de agosto de 2008

JARDÍN DE FLORES CURIOSAS (X).

El mismo año que fue nombrado Virrey de Cataluña (1539), Francisco de Borja recibió la misión de conducir a la sepultura real de Granada los restos mortales de la emperatriz Isabel. Él la había visto muchas veces rodeada de aduladores y de todas las riquezas de la corte. Al abrir el ataúd para reconocer el cuerpo, la cara de la difunta estaba ya en proceso de descomposición. Francisco entonces tomó su famosa resolución: «¡No servir jamás a señor que se me pueda morir!"». Comprendió profundamente la caducidad de la vida.

miércoles, 13 de agosto de 2008

EN UN LIBRO DE HANNAH ARENDT...

"Ser totalmente ignorado, y saberlo, es intolerable. Si Crusoe hubiera tenido a su disposición la biblioteca de Alejandría y la certeza de que nunca iba a ver un hombre, ¿habría hojeado nunca un libro?"

John Adams (1735-1826).

martes, 12 de agosto de 2008

ONFALOSCOPIA.

"(Onfaloscopia) Hubo una práctica mística de ciertas sectas religiosas, no sé si occidentales u orientales, llamada «onfaloscopia», o sea «contemplación del ombligo», en la que, como su nombre indica, los piadosos practicantes se pasaban las horas y quizá hasta los días con la mirada fija y concentrada en su propio ombligo, esperando encontrar la perfección o alcanzar el conocimiento supremo en la arrobada observación de esa especie de centro de la superficie corporal."

Rafael Sánchez Ferlosio.

miércoles, 6 de agosto de 2008

EL QUE SE LOS COMIÓ.

"Parece que ha habido un hombre de instintos temerarios que se ha comido unos senos de mujer, como se comen unas naranjas sin mondarlas ni repartirlas en gajos, sino mordiéndolas y chupando. Quizá unos senos comidos con el valiente apetito con que se podría realizar ese acto, sepan a ancas de rana o cosa por el estilo. ¿Y su pezón? Su pezón debe saber como el tostado pezón de los panes que acaban en punta, en una punta exquisita. También parece que algunos senos deben saber a guayaba."

Ramóm Gómez de la Serna (1888-1963)

lunes, 4 de agosto de 2008

TÚ, CUYA MANO...

Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de luna de Sumatra,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.

Agustín García Calvo.

JARDÍN DE FLORES CURIOSAS (IX).

"Si una mujer padece flujo, flujo de sangre de su cuerpo, permanecerá siete días en su impureza, y quien la toque será impuro hasta la tarde. Todo lecho sobre el que ella duerma mientras dura su impureza, y todo mueble sobre el que ella se siente durante la menstruación, será impuro."

Levítico 15, 19.

viernes, 1 de agosto de 2008

EMANCIPACIÓN.

"Todos los privilegios religiosos, por tanto también el monopolio de una Iglesia privilegiada, tienen que ser abolidos; y, en caso de que algunos o bastantes o incluso la mayoría se siga creyendo obligada a cumplir deberes religiosos, este cumplimiento tiene que serle dejado a ellos mismos como pura cosa privada."

Bruno Bauer (1809-1882)

PARA P. (V)

Un terciopelo de palabras
y ese danzar curvado:

voces
pestañas
muslos

la noche
y su juego
todo siendo y no siendo

la historia del adiós
tú, tierna traición.

miércoles, 30 de julio de 2008

LE PETITE MORT.

La pequeña muerte era el nombre con el que los franceses describían al orgasmo. Un instante de separación del propio cuerpo, de movimiento y tranquilidad a la vez, de exitación y paz. Como palabra tiene la raíz en la palabra "trabajo" y tiene el mismo origen que palabras como "alergia", "energía", "órgano". Oculto, mostrado, tabú, secreto íntimo, descubrimiento juvenil, prohibido, el orgasmo tanto masculino como femenino ha estado siempre en el centro de muchas discusiones. Cada religión tenía su opinión, cada cultura decidió ocultarlo o ensalzarlo.

DE LA PACIENCIA.

"Hay quien afirma, muy convencido, que las cosas de este mundo van ahora peor que nunca. ¿Peor que nunca? Notemos que el mismo que dice esto afirma también que dentro de poco irá todo mejor que nunca. Son cosas que decimos los jóvenes: nuestro entusiasmo nos lleva a creer que vivimos en la época más importante de la historia del mundo. Por eso nos lanzamos a la calle de golpe y nos damos a un trabajo inútil, atropellado, exterior a nosotros mismos, y nos dedicamos a buscar con estúpida vanidad el heroísmo. Y todo lo que decimos está lleno de una mística retórica, absurda, mientras nuestra alma y nuestro cuerpo siguen sin hacer nada más que zarandearse de acá para allá locamente.
Y es que anda muy escasa la virtud de la Paciencia. Entendamos por paciencia, no sólo una virtud que en ocasiones de la vida cotidiana nos hace resistir las pequeñas molestias, sino más bien una actitud total y armónica ante la vida que nos hace acomodar nuestros impulsos y nuestros deseos a la monotonía del tiempo (a esa monotonía riquísima, madre de toda virtud y de todo buen pensamiento que nos parece tan prosaica). Sencillamente: la Paciencia es el arte de no coger la pera antes de tiempo y de saber cultivarla.
Todo eso que, a primera vista, parece preparación religiosa, no es más que juventud: juventud fisiológica, la que pasa con el tiempo. Y no es que la juventud sea un mal principio, pero no es más que el primer principio. Hay que educarla. No hemos de dejar que se quemen sus ardores en salvas inútiles. Quizá alguien se escandalice si digo que hay que matar su primer impulso de impaciencia, de deseos de heroísmo, de fanatismo y hasta de ira, que algunos han dado en llamar «santa ira», como si un pecado capital pudiera ser santo (la ira es una pasión tal que, el que la tiene, pierde conciencia de lo que hace; un acto inconsciente es un acto animal: por tanto, o no es santa o no es ira).
Por tanto, conviene que tengamos Paciencia para acostumbrar a nuestro cuerpo, completamente corrompido por las comodidades de nuestro tiempo, a una ascética, si no fuerte, a lo menos ordenada, metódica e intransigente.
Paciencia, para acostumbrarnos a la tranquilidad y al silencio; para alejarnos de la máquina de emociones que es la vida actual. No estamos nunca con nosotros mismos, siempre en la calle, con la cabeza llena de colores, de gritos, de impresiones, que nos quitan la serenidad para pensar y nos cubren la realidad de apariencias para que no podamos conocerla fríamente.
Tengamos el convencimiento de que lo que debemos de hacer nos lo dice siempre antes la razón que los afectos. Acostumbramos a imaginar, no a pensar; a sentir, no a querer. Imaginamos como Don Quijote. Estamos enfermos: necesitamos emociones. Por eso nos entusiasma el gesto retórico, apariencial; la postura, el estilo, en fin, lo que nos parece bello nos importa más que el fondo de las cosas. O creemos que aquello es el fondo de ellas, a veces, en realidad, duro y prosaico. Admiramos al personaje genial, al héroe huidizo de una ocasión histórica, y no comprendemos al ser anónimo de todos los tiempos, infinitamente pacientes, que labró la tierra. Y no imitamos a éste; queremos imitar a aquél, y no se le puede imitar porque es un ser ocasional y único, y así nos salen esos aspavientos ridículos, grotescos y desproporcionados con la cosa que queremos hacer. También queremos sentir; ser protagonistas de algo en una estúpida soberbia romántica. San Agustín en un capítulo de las Confesiones, dice cómo a él le satisfacía en el teatro lo que él llama el falso dolor; la satisfacción de esa necesidad de sentir, el más morboso de los placeres que tiene todo hombre de una época decadente. Nosotros también. Y desdeñamos el dolor verdadero, el dolor racional y fundado en una renuncia real.
Somos cobardes, enormemente cobardes; no queremos el sacrificio auténtico, la realidad fría, prosaica; sólo queremos fantansías, teatro.
Vamos a buscar el dolor de verdad, la renuncia a nuestras vanidades, nuestros entusiasmos, nuestro deseo de brillar antes de tiempo, sin trabajo.
El dolor de verdad en la mortificación de nuestro cuerpo sin hacer caso de fervores pasajeros.
Cuando hayamos tenido este dolor podremos meditar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que hace tiempo que estamos jugando con ella por querer llegar a la mística sin pasar por la ascética; al heroísmo sin pasar por la paciencia.
Y Paciencia también para seguir el camino pequeño, poco brillante, del trabajo honrado y verdadero. Ya vendrá Dios a llamarnos si nos cree aptos para lumbreras del mundo; es hasta pretencioso y vano creernos a nosotros mismos elegidos para tales menesteres. ¿O es que pensamos que por estar en un lugar muy alto nos van a oír las gentes? Es Dios quien abre los oídos de los hombres. Y si no lo merecemos por nuestra virtud y por nuestra sabiduría (aunque sólo aquélla es indispensable), no seremos oídos. ¡Ya estamos hartos de dar tanta importancia a la propaganda y a los medios humanos! ¡Es Dios y sólo Dios quien hace las cosas!
Seamos humildes y trabajemos en lo pequeño como el Carpintero de Nazaret. ¿No estuvo treinta años enseñándonos la Paciencia, la Humildad y cómo habíamos de prepararnos para la muerte? ¿O es que hemos olvidado ya todo eso?
Y no perderemos el tiempo, porque la sangre sin el sudor es casi estéril, digan lo que digan las retóricas baratas. El martirio puede por sí solo justificar una vida, ¡y tanto!; pero en este caso aprovecha casi sólo al mártir. El martirio no hace la vida, la completa. No se puede perder ésta buscándolo como única cosa que ofrecer a Dios. Desear morir es casi un egoísmo cuando aún no se ha dado nada. El martirio lo manda Dios cuando quiere: pero el camino normal es el de la Paciencia, que hará valer la vida, tanto o más que el martirio mismo.
Y cuando estemos respaldados por una formación ascética dura y una conducta ejemplar; cuando ya no seamos señoritos con fantasías heroicas; cuando tengamos una virtud y un criterio perennes, fuera de las circunstancias del tiempo: cuando no sintamos la belleza, sino que queramos la verdad; cuando no queramos ser nosotros, sino que Dios sea, entonces estaremos libres de todo prosaísmo, libres del fracaso de Don Quijote. Que lo más bello no es lo mejor, sino que lo mejor es lo más bello.
Entonces se nos habrá olvidado eso de que nuestro momento es el más decisivo de la historia del mundo. ¡Maldita fantasía juvenil!
¡Quién sabe cuántas vueltas dará todavía el mundo con el mismo monótono, aburrido y maravilloso compás sin dejar de dar, por eso, gloria a Dios en cada momento!"

Rafael Sánchez Ferlosio.

martes, 29 de julio de 2008

AUNQUE TÚ NO LO SEPAS.

"Si alguna vez la vida te maltrata,
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte."

Luis García Montero.

lunes, 28 de julio de 2008

127.

"A la Maga y a mí nos ocurre a veces profanar nuestros recuerdos. Depende de tan poco, el malhumor de una tarde, la angustia de lo que puede ocurrir si empezamos a mirarnos en los ojos. Poco a poco, al azar de un diálogo que es como un trapo en jirones, empezamos a acordarnos. Dos mundos distantes, ajenos, casi siempre inconciliables, entran en nuestras palabras, y como de común acuerdo nace la burla. Suelo empezar yo, acordándome con desprecio de mi antiguo culto ciego a los amigos, de lealtades mal entendidas y peor pagadas, de estandartes llevados con una humilde obstinación a las ferias políticas, a las palestras intelectuales, a los amores fervorosos. Me río de una honradez sospechosa qe tantas veces sirvió para la desgracia propia o ajena, mientras por debajo las traiciones y las deshonestidades tejían sus telas de araña sin que pudiera impedirlo, simplemente consintiendo que otros, delante de mí, fueran traidores o deshonestos sin que yo hiciera nada por impedirlo, doblemente culpable. Me burlo de mis tíos de acrisolada decencia, metidos en la mierda hasta el pescuezo donde todavía brilla el cuello duro inmaculado. Se caerían de espaldas si supieran que están nadando en plena bosta, convencidos el uno en Tucumán, y el otro en Nueve de Julio de que son un dechado de argentinidad acrisolada (son las palabras que usan). Y sin embargo tengo buenos recuerdos de ellos. Y sin embargo pisoteo esos recuerdos en los días en que la Maga y yo tenemos la mufa de París y queremos hacernos daño. Cuando la Maga deja de reírse para preguntarme por qué digo esas cosas de mis dos tíos, me gustaría que estuvieran allí, escuchando detrás de la puerta como el viejo del quinto piso. Preparo con cuidado la explicación, porque no quiero ser injusto ni exagerado. Quiero también que le sirva para algo a la Maga, que jamás ha sido capaz de entender las cuestiones morales (como Etienne, pero de una manera menos egoísta; simplemente porque sólo cree en la responsabilidad en presente, en el momento mismo en que hay que ser bueno, o noble; en el fondo, por razones tan hedónicas y egoístas como las de Etienne). Entonces le explico que mis dos honradísimos tíos son dos argentinos perfectos como se entendía en 1915, época cenital de sus vidas entre agropecuarias y oficinescas. Cuando se habla de esos "criollos de otros tiempos", se habla de antisemitas, de xenófobos, de burgueses arraigados a una nostalgia de la estanzuela con chinitas cebando mate por diez pesos mensuales, con sentimientos patrios del más puro azul y blanco, gran respeto por todo lo militar y expedición al desierto, con camisas de plancha por docenas aunque no alcance el sueldo para pagarle a fin de mes a ese ser abyecto que toda la familia llama "el ruso" y a quien se trata a gritos, amenazas, y en el mejor de los casos con frases de perdonavidas. Cuando la Maga empieza a compartir esta visión (de lo que personalmente no ha tenido jamás la menor idea) me apresuro a demostrarle que dentro de ese cuadro general mis dos tíos y sus respectivas familias son gentes llenas de excelentes cualidades. Abnegados padres e hijos, ciudadanos que concurren a los comicios y leen los diarios más ponderados, funcionarios diligentes y muy queridos por sus jefes y compañeros, gente capaz de velar noches enteras al lado de un enfermo, o hacer una gauchada a cualquiera. La Maga me mira perpleja, temiendo que me burle de ella. Tengo que insistir, explicarle porque quiero tanto a mis tíos, por qué sólo a veces, cuando estamos hartos de las calles o del tiempo, me ocurre sacarles los trapos a la sombra y pisotear los recuerdos que todavía me quedan de ellos. Entonces la Maga se anima un poco y empieza a hablarme mal de su madre, a la que quiere y detesta en proporciones dependientes del momento. A veces me aterra cómo puede volver a referirse a un episodio de infancia que otras veces me ha contado riéndose como si fuera muy gracioso, y que de golpe es un nudo siniestro, una especie de pantano de sanguijuelas y garrapatas que se persiguen y se chupan. En esos momentos la cara de la Maga se parece a la de un zorro, se le afinan las aletas de la nariz, palidece, habla entrecortadamente, retorciéndose las manos y jadeando, y como de un globo de chewing-gum enorme y obsceno empieza a asomar la cara fofa de la madre, el cuerpo mal vestido de la madre, la calle suburbana donde la madre se a quedado como una escupidera vieja en un baldío, la miseria donde la madre es una mano que pasa un trapo grasiento por las cacerolas. Lo malo es que la Maga no puede seguir mucho rato, en seguida se larga a llorar, esconde la cara contra mí, se acongoja a un punto increíble, hay que preparar té, olvidarse de todo, irse por ahí o hacer el amor, sin los tíos ni la madre hacer el amor, casi siempre eso o dormir, pero casi siempre eso."

Julio Cortázar.

viernes, 25 de julio de 2008

CIUDADANÍA.

En este país tenemos la desgracia de padecer una derecha pre-civilizada, pre-moderna, pre-ilustrada, dirigida por los sectores más reaccionarios de la Iglesia Católica, una Iglesia a la que sólo hemos visto movilizarse en contra de los derechos de los homosexuales, de los derechos de las mujeres y, en general, en contra de todo lo que les suene a Derecho. En estas condiciones, tampoco es demasiado sorprendente una furiosa reacción de la Conferencia Episcopal contra cualquier propuesta que incorpore, aunque sólo sea en el título, la palabra “Ciudadanía”. Es como si la mera palabra les produjera una especie de reacción alérgica letal, algo así como la luz del sol al Conde Drácula. Es decir, en un país como éste, en el que la jerarquía de la Iglesia pierde los papeles cada vez que siente amenazada una micra de su poder político, es normal que reaccionen con esa virulencia contra una asignatura que pretende transmitir unos valores distintos a los que inculcan ellos (financiados de un modo aberrante con fondos públicos) en la asignatura de Religión.

domingo, 20 de julio de 2008

BUENOS LIBROS.

"Las causas de la decadencia de la literatura son: la lectura de obras ligeras que se ha convertido en un hábito, y que escribirlas se haya vuelto una profesión. Escribir en una vida un buen libro es más que suficiente. Y también leer uno."

Liev Tolstoi (1828-1901)

PARA ANA, MORBO Y DESCONSUELO:

No me ahorres nada para llegar a ti. Quiero tu tortura y tu fuego, ser triturado en el molino de tu deseo, amasado en tu capricho, encendido en tu violencia... ¡Ay, amor! Hazme tu pan y tu espada ¡Aliméntate y hiere conmigo, seré como deseas! Voy a ti como siempre quise ir: igual a ti para que nadie nos separe y así me quieras, igual a ti.

sábado, 19 de julio de 2008

LA EXCELENCIA DE ANTAÑO.

"Érase una vez un tiempo -y parece muy lejano ya- en el que existía una figura respetada, la persona culta. Él -solía ser él, pero con el tiempo pasó a ser cada vez más ella- recibía una educación que difería poco de un país a otro -me refiero por supuesto a Europa- pero que era muy distinta a lo que conocemos hoy. William Hazlitt, nuestro gran ensayista, fue a una escuela a finales del siglo XVIII cuyo plan de estudios era cuatro veces más completo que el de una escuela equiparable de ahora: una amalgama de los principios básicos de la lengua, el derecho, el arte, la religión y las matemáticas. Se daba por sentado que esta educación, ya de por sí densa y profunda, sólo era una faceta del desarrollo personal, ya que los alumnos tenían la obligación de leer, y así lo hacían.

Este tipo de educación, la educación humanista, está desapareciendo. Cada vez más los gobiernos -entre ellos el británico- animan a los ciudadanos a adquirir conocimientos profesionales, mientras no se considera útil para la sociedad moderna la educación entendida como el desarrollo integral de la persona.

La educación de antaño habría contemplado la literatura e historia griegas y latinas, y la Biblia, como la base para todo lo demás. Él -o ella- leía a los clásicos de su propio país, tal vez a uno o dos de Asia, y a los más conocidos escritores de otros países europeos, a Goethe, a Shakespeare, a Cervantes, a los grandes rusos, a Rousseau. Una persona culta de Argentina se reunía con alguien similar de España, uno de San Petersburgo se reunía con su homólogo en Noruega, un viajero de Francia pasaba tiempo con otro de Gran Bretaña y se comprendían, compartían una cultura, podían referirse a los mismos libros, obras de teatro, poemas, cuadros, que formaban un entramado de referencias e informaciones que eran como la historia compartida de lo mejor que la mente humana había pensado, dicho y escrito.

Esto ya no existe.

El griego y el latín están desapareciendo. En muchos países la Biblia y la religión ya no se estudian. A una chica que conozco la llevaron a París para ampliar sus miras -que falta le hacía- y aunque destacaba en sus estudios, confesó que nunca había oído hablar de católicos y protestantes, que no sabía nada de la historia del Cristianismo ni de cualquier otra religión. La llevaron a oír misa a Nôtre Dame, le dijeron que esta ceremonia era desde hacía siglos base de la cultura europea, y que debería por lo menos saber algo de ello, y ella lo presenció todo obedientemente, tal y como presenciaría una ceremonia de té japonesa, y luego preguntó: "¿Entonces, estas personas son una especie de caníbales?". En esto ha quedado lo que parece perdurable.

Hay un nuevo tipo de persona culta, que pasa por el colegio y la universidad durante veinte, veinticinco años, que sabe todo sobre una materia -la informática, el derecho, la economía, la política- pero que no sabe nada de otras cosas, nada de literatura, arte, historia, y quizá se le oiga preguntar: "Pero, entonces, ¿qué fue el Renacimiento?" o "¿Qué fue la Revolución Francesa?"

Hasta hace cincuenta años a alguien así se le habría considerado un bárbaro. Haber recibido una educación sin nada de la antigua base humanista: imposible. Llamarse culto sin un fondo de lectura: imposible.

Durante siglos se respetaron y se apreciaron la lectura, los libros, la cultura literaria. La lectura era -y sigue siendo en lo que llamamos el Tercer Mundo-, una especie de educación paralela, que todo el mundo poseía o aspiraba a poseer. Les leían a las monjas y monjes en sus conventos y monasterios, a los aristócratas durante la comida, a las mujeres en los telares o mientras hacían costura, y la gente humilde, aunque sólo dispusiera de una Biblia, respetaba a los que leían. En Gran Bretaña, hasta hace poco, los sindicatos y movimientos obreros luchaban por tener bibliotecas, y quizás el mejor ejemplo del omnipresente amor a la lectura es el de los trabajadores de las fábricas de tabaco y cigarros de Cuba, cuyos sindicatos exigían que se leyera a los trabajadores mientras realizaban su labor. Los mismos trabajadores escogían los textos, e incluían la política y la historia, las novelas y la poesía. Uno de sus libros favoritos era El Conde de Montecristo. Un grupo de trabajadores escribió a Dumas pidiendo permiso para emplear el nombre de su héroe en uno de los cigarros.

Tal vez no haga falta insistir en esta idea a ninguno de los aquí presentes, pero sí creo que no hemos comprendido todavía que vivimos en una cultura que rápidamente se está fragmentando. Quedan parcelas de la excelencia de antaño en alguna universidad, alguna escuela, en el aula de algún profesor anticuado enamorado de los libros, quizás en algún periódico o revista. Pero ha desaparecido la cultura que una vez unió a Europa y sus vástagos de Ultramar.

Podemos hacernos una idea de la rapidez con la cual las culturas son capaces de cambiar observando cómo cambian los idiomas. El inglés que se habla en los Estados Unidos o en las Antillas no es el inglés de Inglaterra. El español no es el mismo en Argentina o en España. El portugués de Brasil no es el portugués de Portugal. El italiano, el español, el francés surgieron del latín, pero no en miles sino en cientos de años. Hace muy poco tiempo que desapareció el mundo romano, dejando tras de sí el legado de nuestras lenguas.

Representa una pequeña ironía de la situación actual que gran parte de la crítica a la cultura antigua se hiciera en nombre del elitismo; sin embargo, lo que ocurre es que en todas partes existen cotos, pequeños grupos de lectores de antaño, y resulta fácil imaginar a uno de los nuevos bárbaros entrando por casualidad en una biblioteca de las de antes, con toda su riqueza y variedad, y dándose cuenta de pronto de todo lo que se ha perdido, de todo de lo que -él o ella- ha sido privado.

Así pues, ¿qué va a pasar ahora en este mundo de cambios tumultuosos? Creo que todos nos estamos abrochando los cinturones y preparándonos.

Escribí lo que acabo de leer antes de los acontecimientos del 11 de septiembre. Nos espera una guerra, parece ser que una guerra larga, que por su misma naturaleza no puede tener un final fácil. Sin embargo, todos sabemos que los enemigos intercambian algo más que balas e insultos. En España quizás sepan esto mejor que nadie. Cuando me siento pesimista por la situación del mundo, a menudo pienso en aquella época, aquí en España, a principios de la Edad Media, en Córdoba, en Granada, en Toledo, en otras ciudades del sur, donde cristianos, musulmanes y judíos convivían en armonía; poetas, músicos, escritores, sabios, todos juntos, admirándose los unos a los otros, ayudándose mutuamente. Duró tres siglos. Esta maravillosa cultura duró tres siglos. ¿Se ha visto algo parecido en el mundo? Lo que ha sido puede volver a ser.

Creo que la persona culta del futuro tendrá una base mucho más amplia de lo que podemos imaginar ahora."

Doris Lessing.

jueves, 17 de julio de 2008

POLITICASTROS.

"¿Cuándo se ha oído repetir tan machaconamente, por todos los Medios de Formación de Masas, con una retórica cada vez más infame y vergonzante, los mismos tópicos que sirvieron para los politicastros de nuestros abuelos, decir una y otra vez impertinentemente lo que ya está dicho? ¿Cuándo la Política ha sido tan profundamente aburrida como en estos años?

Agustín García Calvo.

CAFÉ SOLO.

Me despierto y es como si ella no estuviera en la cama porque ha ido al baño o a la cocina. Sin embargo tengo la certeza de que ya no volverá nunca a esta cama. Puedo alargar el brazo, tocar su lado de la cama y sentir que está frío. Sé que no puedo recuperarla.
Me quedo en la cama despierto, sin saber desde cuando estoy solo.

lunes, 14 de julio de 2008

AROMA DE DIOSES MUERTOS.

"Cerrarás los ojos para no mirar los cristales,
la noche y sus negras muecas,
los monstruos amenazantes, lobos negros, negros diablos
como muchedumbre atroz."

Arthur Rimbaud (1854-1891)

DESASOSIEGO.

"Me interrogo y me desconozco. Nada he hecho de útil y nada haré de justificable. He gastado la parte de mi vida que no perdí en interpretar confusamente nada, haciendo versos en prosa a las sensaciones intransmisibles con las que hago mío el universo incógnito. Estoy harto de mí, objetiva y subjetivamente. Estoy harto de todo, y de todo el todo."

Fernando Pessoa (1888-1935)

PARA ANA, EXTRAÑANDO SU HUMEDAD.

Dijo Tennessee Williams que lo contrario a la muerte es el deseo. Y yo te deseo desde la primera vez que te vi.

14 DE JULIO DE 2008.

Habéis hecho harapos mi amor y mi cordura; el amor pudo haberme salvado y no me amó nadie.

domingo, 13 de julio de 2008

EL AMOR, ESA PALABRA...

Los que verdaderamente nos ama nos da la vida. No saberlo a tiempo destroza a demasiados. Los amores desfelices o negros no son el amor, sino uno de los disfraces del odio o de la estupidez. lo aprendí en el Paraíso. Lo afirmo desde el infierno.

viernes, 11 de julio de 2008

Y LO DEMÁS ES SILENCIO.

Últimamente ordeno ideas, recuerdos, viejas fotografías, poemas dispersos. Todo ello, quizás, sea un potaje sentimental, una vieja excusa. Retroceder o no querer ir más adelante es ya imposible, porque es ver alejarse a los demás. Que cabalgan.
No busco, a estas alturas, amistades, sino el recuerdo de esas amistades. Hoy sólo me resta acojerme al olvido del tiempo, todo ha sido una pesadilla, una burla ideada para sembrar el desconcierto. Es como si estuviéramos marcados para siempre por un estigma cuyo remoto origen ignoramos, pero que parece perseguirnos una y otra vez, una y otra vez, cuando más próxima parecía la tranquilidad bien merecida, el reposo después de la batalla, el descanso de tanta escaramuza, para poder salvar los restos del naufragio: los ojos, la cordura, el sueño inalterado, el temblor que producen los recuerdos.
Pero nada acaba, parece, de apacible manera: la vida arrastra.

miércoles, 9 de julio de 2008

LO QUE ESTÁ PASANDO.

"No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente."

Francis Bacon (1561-1626)

martes, 8 de julio de 2008

MI CUERPO DE NOCHE.

-poema escrito como una herida-

Tampoco te oigo, yo
que te oí con los labios,
te escuché con los ojos abiertos;
tú echada en una fuente,
en unos libros, complicando
la vida y las palabras, vida
sujeta a mi vida:
todo lo demás era un país derrotado,
era una noche, era mi cuerpo.
Era mi cuerpo en la noche.

TRISTRAM SHANDY.

"La escasez de todo tipo de escritos terminará con toda clase de lecturas. Y andando el tiempo - como la guerra engendra la pobreza, y ésta la paz- se pondría a su vez punto y final a todo tipo de conocimiento para -luego- tener que empezar de nuevo o, en otras palabras, para quedarnos donde estábamos.
¡Felices tiempos! Sólo hubiera deseado cambiar ligeramente la era de mi concepción, así como el modo y manera de la misma. O que se pudiera haber aplazado a la mejor conveniencia de mi padre y mi madre unos veinte o veinticinco años más, cuando una figura del mundo de la literatura pudiera haber tenido alguna oportunidad".

Laurence Sterne (1713-1768)

lunes, 7 de julio de 2008

HOMO LUDENS.

"El juego, en su aspecto formal, es una acción libre ejecutada “como si” y sentida como situada fuera de la vida corriente, pero que puede absorber por completo al jugador sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga en ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazarse para destacarse del mundo habitual. El juego es una lucha por algo o una representación de algo. Ambas funciones pueden fundirse de suerte que el juego represente una lucha por algo o sea una pugna a ver quién reproduce mejor algo, ya que en el juego se copia algo, se presenta en más bello, sublime o peligroso de lo que generalmente es, su representación es una realización aparente, una figuración, es decir, un representar o expresar por figura. El juego está lleno de orden, tensión, movimiento, solemnidad y entusiasmo. Sólo en una fase posterior se adhiere a este juego la idea de que en él se expresa algo: una idea de la vida".

Johan Huizinga (1872-1945).

domingo, 6 de julio de 2008

PARA ANA, QUE VIVE EN LO ETERNO.

¿Qué estaría soñando? ¿Lo sabría ella?

El sueño de Anika nublaba las ventanillas de la habitación, empañaba los cristales y mi corazón multitudinario.

Cuando yo me quedé dormido, Anika se acercó y se puso a escribir con un dedo sobre mi corazón empañado. Luego yo lo he leído desde dentro, desde el otro lado del vidrio, al revés.

No importa nada: todo lo que escribe es como su nombre, es capicúa, palíndromo, se lee igual de un lado que del otro, desde dentro o desde fuera, hacia la izquierda o hacia la derecha, con los ojos cerrados o abiertos.

Se entiende siempre: Ana lava lana.

miércoles, 2 de julio de 2008

LA LENGUA, SEÑORES...

"Señores: la lengua no es de nadie; esa máquina de maravillosa complejidad que ustedes mismos usan, "con la cual suele el pueblo fablar a su vezino", no es de nadie; no ya la lengua común, que no aparece en la realidad más que como lenguas de Babel, pero ni siquiera una de esas lenguas o idiomas es de nadie, y no hay académico ni emperador que pueda mandar en su maquinaria, ni cambiar por decreto ni la más menuda regla, por ejemplo, de oposiciones entre fonemas y neutralización combinatoria de oposiciones que en ella rijan.

La escritura, la cultura, la organización gubernativa, la escolar, las leyes, las opiniones, ésas sí que tienen dueño; y el dueño es el de siempre: el jefe, sus secretarios, sus sacerdotes, la persona que se cree que sabe lo que dice.

Y ésos ya se sabe lo que quieren o necesitan: quieren ordenar el mundo, el mapa, las poblaciones; es el juego terrible de niños grandes, malcriados y simplones, que ha venido arrasando tierras y torturando gentes desde el comienzo de la Historia, en nombre del Ideal; y así siguen queriendo, por ejemplo, que España sea una, que los Estados Unidos sean uno, que Cataluña sea una, que Euskal Herria o Galicia sean una cada una... Da lo mismo: el caso es someter al ideal a todos, dentro de las fronteras que les toquen: que todos sean uno.

Por medio de la escritura y de la escuela, el Poder ha utilizado una y otra vez las lenguas o idiomas para ese fin: tomando en bloque una variedad simplificada del idioma correspondiente, y sin entrar para nada a la maquinaria de la lengua, ha logrado por ley (pero siempre a través de la escuela y la escritura) imponer hasta cierto punto un idioma uniforme dentro de las lindes que los avatares de la Historia le hayan repartido a esa forma de Poder; así impuso Roma en el vasto territorio del Imperio la unidad lingüística, para apenas un par de siglos, mientras los pueblos volvían a hacer de las suyas y deshacían el latín en dialectos innumerables; y hazañas parecidas se han dado luego, en territorios más o menos amplios, como, por ejemplo, la conversión del hebreo, una lengua muerta, en idioma, relativamente uniforme, del Estado de Israel.

En aquello que iba siendo Europa hace unos ocho siglos, los hombres cultos, que hablaban diferentes idiomas o dialectos como lengua cotidiana, trataron de mantener, y mantuvieron durante unos cinco siglos, una lengua común, el latín resucitado por escrito, no sólo para las disputas escolares y científicas, sino también para los tratos internacionales. Pero ya, entre tanto, los Estados modernos, el Español, el Francés, el Inglés, se habían establecido, y preferían volver a repetir, cada cual en su ámbito propio, la empresa del Imperio: la unificación de los varios idiomas y dialectos bajo el mismo ideal; una lengua una para el Estado uno; y en la misma idea les han seguido todas las naciones de cuño estatal, chiquitas o mayores, que tratan de dividirse el mapamundi.

Cierto que el que una lengua, relativamente uniforme, ocupe vastos espacios, tiene sus ventajas, no sólo para los trámites comerciales y administrativos, sino para que, por ejemplo, esta andanada contra los tratantes de lenguas le llegue a más gente que si la escribiera en sayagués; pero la cuenta de lo que con eso gana la denuncia de la mentira en contra de lo que gana la difusión de la mentira, ¿quién, señores, me ayudará a echar esa cuenta?

En fin, lo que el Poder, nacional, autonómico, universal, quiere hacer con las lenguas y la gente, eso cualquiera, si se deja sentir, lo sabe. Algo de vergüenza da que hombres doctos y esclarecidos confundan en un trance como éste los manejos unificatorios de una u otra administración con la máquina, desconocida y libre, de la lengua. Pero tampoco eso debe extrañarnos demasiado, sabiendo y sufriendo, como sufrimos, lo que es la condición de la Cultura y la de la Persona."

Agustín García Calvo, El País, 2 de julio de 2008.

martes, 1 de julio de 2008

GUTENBERG 7-9. SALAMANCA.

Por aquella casa fueron pasando vecinos, amigos, mujeres. Una que conocí en una boda vino a cuidarme de un catarro; se metió en la cama conmigo y con una botella de Veuve Clicquot. Mucho más efectivo que el Frenadol. Como soy así y no tengo arreglo, aún conservo el tapón de esa botella. Con los ojos cerrados, si aprieto la lengua contra el paladar, todavía recuerdo su sabor. También el del champagne, sí, aunque con mucho más esfuerzo.

lunes, 30 de junio de 2008

FÚTBOL, FÚTBOL, FÚTBOL...

Borges afirmaba que “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”. Y es que para el escritor argentino el fútbol era un deporte estéticamente feo: “Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”. También llegó a decir que el fútbol era fundamentalmente agresivo, desagradable y comercial. “La idea de que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”. Pero Borges no se detuvo en la critica a este deporte, además fue feroz con su afición a la que calificaba de hipócrita, y es que según Borges “el fútbol en si no le interesa a nadie. Nunca la gente dice que linda tarde pase, que lindo partido vi, claro que perdió mi equipo. No lo dice porque lo único que le interesa es el resultado final. No disfruta del juego”. Sobre las implicaciones políticas del fútbol Borges era implacable. Decía: “El fútbol despierta las peores pasiones. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte, por que la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así”. Y cerraba el desfile de agravios contra el fútbol, acusando a sus creadores, los ingleses, a quienes acusaba de “haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos. Como el fútbol, que es uno de los mayores crímenes de Inglaterra”.

domingo, 29 de junio de 2008

PIENSO EN TU SEXO.

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, si, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!

César Vallejo.

miércoles, 25 de junio de 2008

DELIBES SOBRE FERLOSIO.

-¿Qué supone para Miguel Delibes haber contribuido a que Rafael Sánchez Ferlosio, el «inmortal», como usted le define, retome su camino literario y regrese, en un eterno retorno nietzscheano, a la narrativa?
-Si las cosas son así me conmueven, demuestran que además de sus muchas virtudes, Ferlosio tiene una delicada sensibilidad. Me acordaré de Vergés -que tanto le admiraba también- cuando lea «Carta de provincias» y su dedicatoria. Me alegraré de haber tenido la fuerza que no tuvo nuestro editor para hacerle volver, siquiera por un día, a la narrativa. Si así fuera me sentiría enormemente feliz. También Carmiña se alegrará, allí donde esté.
-El relato, «Carta de provincias», está dedicado a Miguel Delibes. ¿Le emociona esa dedicatoria?
-¿Cómo no, si para mí es el mejor?
-Ferlosio será siempre Ferlosio. Es decir, un hombre que «haga lo que haga lo hará siempre a su aire», como usted ha escrito. ¿Qué destacaría del carácter humano y literario de Rafael Sánchez Ferlosio?
-Con su oído prodigioso, su personalidad. Humana y literariamente Rafael es un hombre distinto.
-Miguel Delibes es un hombre radicalmente humilde. ¿El escritor Delibes también lo es?
-No pretendo ser humilde. Si me esfuerzo en algo es en ser justo. Y Delibes, hombre y escritor, dentro de un baremo de méritos, considera que Sánchez Ferlosio es el primero.
-A pesar de los intereses enfrentados del mundo literario, usted siempre ha tratado con una extraordinaria generosidad, imparcialidad y buena voluntad a sus compañeros de viaje literario. ¿Ha recibido la misma generosidad?
-A veces. Otras no. Pero estas cosas no importan. No me sorprende una coz respondiendo a una caricia. Es un problema de orgullo y sensibilidad.
-¿Qué representa para la literatura española el regreso de Sánchez Ferlosio, aunque sólo sea a través del relato «Carta de provincias»?
-Un acontecimiento literario.
-¿Cómo animaría usted a Rafael Sánchez Ferlosio para que continuara escribiendo relatos o incluso novela en pleno siglo XXI?
-Es muy difícil. Josep Vergés y yo ya conspiramos para conseguirlo inútilmente. Únicamente me queda por decirle que una novela suya en este momento podría confirmar el puesto de número uno que yo le asigné a mitad de siglo. Por menos está Rulfo en la cumbre mejicana.
-Escribe usted que «Ferlosio, en cualquier circunstancia, se mostrará indiferente a las seducciones del tópico y la uniformidad». Sin embargo, hay muchos escritores que hacen del tópico su lugar común literario. ¿Cómo se debe huir del tópico?
-El escritor inteligente huye instintivamente del tópico. Es como el perro de caza ante las víboras: levanta la cabeza de golpe. Hay que hacerse a la idea de que Ferlosio es un escritor distinto.
-¿Cree que el arraigo, patente en sus propios libros, le ha ayudado a usted a crear con singularidad?
-No lo sé.
-¿Que consigue el escritor cuando, como dice usted de Ferlosio, «desdeña también la rutina y las convenciones sociales»?
-Diferenciarse, eso consigue. Ser un narrador original y distinto.
-¿Cómo entiende usted que un hombre tan bien dotado, con unas cualidades excepcionales para el menester literario como Rafael Sánchez Ferlosio, pudiera abandonar espontáneamente la partida literaria desde que alcanzó el premio Nadal con El Jarama?, aunque después haya tenido incursiones con algún relato y Testimonio de Yarfoz?
-A mí no se me alcanza. Yo tiré para adelante con lo que tenía y no me hice preguntas. Su mujer, Carmen Martín Gaite, una chica inteligente, hizo lo mismo. Ferlosio sin duda se sintió sobrado y eligió. Deshojó la margarita antes de proseguir.
-¿El verdadero talento, el auténtico genio encubre casi inevitablemente excentricidades?
-Sin duda. Aunque si son demasiado llamativas se nota el artificio.
-Ferlosio dijo que no le interesaba la novela porque lo consideraba un «quehacer poco serio». Pero usted, por encima de la gracia narrativa, de la capacidad fabuladora y de las dotes de observador de Ferlosio coloca su sentido del humor. ¿Considera que detrás de toda visión crítica hay una cierta ironía?, y hago extensiva esta pregunta a su propia literatura.
-El sentido del humor puede ser fino o grueso. Para crear no vale cualquiera. El grueso me repugna. El sentido del humor de Ferlosio es sutilísimo, quizá su cualidad más eficaz. La creación de tipos, los diálogos, el planteamiento de escenas son únicos, de una gracia narrativa sin par. Si detrás de todo el edificio no hubiera un rastro de ironía, la obra, para mí, se caería o perdería un cincuenta por ciento de su valor.
-¿La ternura es una de los aspectos que le confiere ese carácter, esa personalidad, a Ferlosio?
-¿Quién lo duda?
-¿El escritor, parafraseando a Herman Hesse, sigue siendo un «lobo estepario» solitario o necesita de los grupos generacionales para darse a conocer ante el público?
-Eso va con el creador. Los hay que anteponen la soledad al rebaño.
-Su obra, don Miguel, contiene una indiscutible e imprescindible valía moral, un clarísimo mensaje moral unido a una lectura estética. ¿En estos tiempos que corren, el sentido ético del ser humano ha tocado fondo?
-No sé si habrá tocado fondo pues lo veo perder decencia cada día. Lo único que puedo decir es que los niveles son muy bajos.
-¿Qué considera deseable o útil para mejorar ese nivel moral o crítico e incluso la educación?
-La educación, la educación, la educación. Incluso la educación del gusto. Tal vez esta sea la primera exigencia.

lunes, 23 de junio de 2008

NO TE AMO.

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan eñ fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

Sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Pablo Neruda (1904-1973)

domingo, 22 de junio de 2008

EL CIELO AZUL.

Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que ese blanco y carmín de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.

Pero también que confeséis yo quiero
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual en rostro verdadero.

¿Qué, pues, que yo mucho perdido ande
por un engaño tal, ya que sabemos
que nos engaña igual Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul; ¿y es menos grande,
por no ser realidad, tanta belleza?

De uno de los Argensola.

viernes, 20 de junio de 2008

ULTRAJE A LA PAELLA.

"Con esta peste catastrófica de las autonomías, las identidades, las peculiaridades distintivas, las conciencias históricas y los patrimonios culturales, la inteligencia de los españoles va degradándose a ojos vista y se la ve ya acercarse peligrosamente a los mismos umbrales de la oligofrenia."

Rafael Sánchez Ferlosio.

domingo, 15 de junio de 2008

BUENO Y LA DEMOCRACIA.

Realmente, la crítica de Bueno parte del sentido etimológico (en tanto gobierno de todos) que suele darse al término, inviable desde sus coordenadas. La organización siempre la ejerce una parte del todo, por lo tanto la clave de la democracia habrá que ponerse en otro lugar, lo que por otra parte está comúnmente admitido: en el consenso según el cual se acepta que el principio de la mayoría se entiende como el gobierno de todos. La paradoja que inmediatamente denuncia Bueno es que aunque los acuerdos siempre implican un consenso, la reciproca no es cierta, por lo que ya tendríamos una primera inconsistencia de la idea. Su crítica pasa entonces a mayores, tildando de fundamentalistas todas las concepciones que presuponen que la democracia es la primera forma o bien la forma definitiva de gobierno, y se mueven en la constelación de ideas que gravitan en torno a la ideología del Estado de derecho descrita, como idea constitutiva del Estado. Frente a los discursos metafísicos, Bueno ofrece un tratamiento histórico de la democracia que encuentra su clave en el gradual establecimiento de la libertad de elección, paralela a la organización de sociedades de mercado. Aquí es cuando cabe ver en Bueno un teórico de la democracia próximo a Schumpeter o Lipset. Pero también de quienes entienden la democracia al modo de una poliarquía, tal y como la esbozó Robert Dahl (cargos electivos para controlar las decisiones políticas, elecciones libres y periódicas, sufragio universal, posibilidad de ocupar cargos públicos en el gobierno, libertad de expresión).

AUTOBIOGRAFÍA.

Muy metódico en el trabajo, obsesivo, pero luego quizás dado peligrosamente a la fiesta y a compartir con los amigos. Tengo que cuidarme para no caer en la embriaguez y no perder los papeles. Por ejemplo, con las drogas nunca he tenido un peligro grave, pero con el alcohol soy de cultura totalmente mediterránea y soy un bebedor social. En cuanto me animo con alguien me cuesta frenarme y eso es algo que llevo años decidido a frenar, porque no quiero que me quite las energías que van quedando cuando uno envejece.

EVOLUCIÓN.

"He recapitulado ahora los hechos y consideraciones que me han convencido por completo de que las especies se han modificado durante una larga serie de generaciones. Esto se ha efectuado principalmente por la selección natural de numerosas variaciones sucesivas, pequeñas y favorables, auxiliada de modo importante por los efectos hereditarios del uso y desuso de las partes, y de un modo accesorio -esto es, en relación a las conformaciones de adaptación, pasadas o presentes- por la acción directa de las condiciones externas y por variaciones que, dentro de nuestra ignorancia, nos parece que surgen espontáneamente. Parece que anteriormente rebajé el valor y la frecuencia de estas últimas formas de variación, en cuanto que llevan a modificaciones permanentes de conformación, con independencia de la selección natural. Y como mis conclusiones han sido recientemente muy tergiversadas y se ha afirmado que atribuyo la modificación de las especies exclusivamente a la selección natural, se me permitirá hacer observar que en la primera edición de esta obra y en las siguientes he puesto en lugar bien visible -o sea al final de la Introducción- las siguientes palabras: «Estoy convencido de que la selección natural ha sido el modo principal, pero no el único, de modificación». Esto no ha sido de utilidad ninguna. Grande es la fuerza de la tergiversación continua; pero la historia de la Ciencia muestra que, afortunadamente, esta fuerza no perdura mucho."

Charles Darwin (1809-1882)

sábado, 14 de junio de 2008

MÁS DE LO MISMO.

"¿Somos -diré- tan descuidados (o tan inorantes) que dexamos perderse aqueste raro tesoro que poseemos? Gastamos inmensas riquezas en labrar edificios, en plantar jardines, en ataviar los trages, i, no contentos con estos deleites permitidos a gente vencedora, cargamos las mesas de frutas i viandas tan dañosas a la salud cuan varias i desconocidas; inventamos estos i otros regalos de escusados entretenimientos engañados con una falsa apariencia de esplendor i no ai quien se condolesca de ver la hermosura de nuestra plática tan descompuesta i mal parada, como si ella fuesse tan fea que no mereciesse más precioso ornamento o nosotros tan bárbaros que no supiéssemos vestilla del que merece."

Francisco de Medina (1544-1615)

ROMANCE DE ABENÁMAR.

—¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería,
el día que tú naciste grandes señales había!
Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor, aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho mi madre me lo decía
que mentira no dijese, que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey, que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar, aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos? ¡Altos son y relucían!

—El Alhambra era, señor, y la otra la mezquita,
los otros los Alixares, labrados a maravilla.
El moro que los labraba cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra, otras tantas se perdía.
El otro es Generalife, huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan, bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada, contigo me casaría;
daréte en arras y dote a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan, casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene muy grande bien me quería.

viernes, 13 de junio de 2008

LA LLUVIA AMARILLA.

"Fue el principio del fin, la iniciación del largo e interminable adiós en que a partir de entonces, se convirtió mi vida. Como la luz del sol, cuando se abre una ventana después de muchos años, rasga la oscuridad y desentierra bajo el polvo objetos y pasiones ya olvidados, la soledad entró en mi corazón e iluminó con fuerza cada rincón y cada cavidad de mi memoria."

Julio Llamazares.

jueves, 12 de junio de 2008

JARDÍN DE FLORES CURIOSAS (VIII)

El día 22 de abril de 1616, en una casa de la calle de León, moría en Madrid Miguel de Cervantes, un año después de la publicación de la segunda parte del Quijote y sólo unos meses antes de la aparición póstuma del Persiles, cuyo famoso prólogo, tan comentado por la crítica, recoge su despedida, no sabemos si real o simbólica, del mundo: "¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos! Que yo me voy muriendo y deseando veros presto contentos en la otra vida".
En aquella España de los albores del siglo XVII, abocada ya a una lenta pero sostenida declinación política y militar, la figura de Cervantes, después de tantos contratiempos y tantas frustraciones biográficas como hubo de padecer, se estaba consolidando como la de un escritor que empezaba a gozar ya de cierta fama y reconocimiento gracias sobre todo al éxito del Quijote, cuya segunda parte, tras la aviesa intromisión de Avellaneda, había sido esperada con fruición por los numerosos lectores de la primera. Su muerte no hizo sino acrecentar ese incipiente éxito de público conseguido en los últimos años de su vida después de penalidades sin cuento y no pocos sinsabores que al fin comenzaban a ser recompensados, haciendo así relativa justicia a quien sin duda había sido merecedor de más alta estima social y literaria.
En efecto, a pesar de la conocida afirmación de Azorín de que "el Quijote ni fue estimado ni comprendido por los contemporáneos de Cervantes", lo cierto es que el libro había suscitado entre los doctos de su tiempo un evidente interés, provocado por su condición de obra de risa y entretenimiento, muestra valiosa del ingenio y la inventiva de su autor, quien desde la publicación de la segunda parte quedó consagrado en la historia de la literatura española como uno de los más originales creadores de obras de ficción. Los lectores españoles de la época no apreciaron obviamente en la novela la trascendencia ideológica y estética que con posterioridad se le ha reconocido, pero vieron en ella un motivo para el regocijo y la diversión, una obra de humor y de risa ubicada en el ámbito de la llamada literatura de "ingenio" del Barroco. La fama de Cervantes se acrecentó y consolidó notablemente en la época ilustrada, en la que el Quijote fue valorado sobre todo como un libro de intención satírico-moral , valoración muy acorde con el perfil didáctico de la cultura del siglo XVIII. A mediados del siglo XIX los románticos lo verán ya como un monumento literario a la imaginación y un genial exponente de la oposición entre lo real y lo ideal. Más tarde será apreciado como expresión simbólica de una nueva visión del mundo y del hombre, que se hace patente sobre todo en el interés que por Cervantes sintieron los escritores de las generaciones del 98 y del 14, quienes desde el ensayo literario y filosófico o desde la crítica universitaria escribieron textos angulares sobre la obra cervantina y contribuyeron a su lectura y consagración en una medida antes impensable. Posiblemente no pueda hallarse en el curso histórico de los estudios cervantinos un momento de tanta brillantez como fue esa primera mitad del siglo XX, en la que vieron la luz trabajos tan decisivos como Vida de Don Quijote y Sancho (1905), de Miguel de Unamuno, La ruta de Don Quijote ( 1905 ), de Azorín, Meditaciones del Quijote ( 1914), de Ortega y Gasset, El pensamiento de Cervantes ( 1925), de Américo Castro, o la Guía del lector de Cervantes (1926), de Salvador de Madariaga. A partir de ellos Cervantes fue reinterpretado en clave intelectual no como el "ingenio lego" del que hasta entonces se venía hablando sino como un auténtico "ingenio docto", reflexivo e innovador, disidente y crítico con el sistema oficial de valores vigente en la España que le tocó vivir. Por las mismas razones, el Quijote comenzó a ser leído como la creación de un genio que se anticipó a su época con el hallazgo de una fórmula literaria que desde el feliz empleo del humor y de la ironía encara lúcidamente el problema esencial del relativismo humano y la ambigüedad de lo real.

DISCURSO SOBRE LA LENGUA CASTELLANA.

"Triste cosa es verdaderamente, que se tenga ya por vano el cuydado que alguno pone en hablar nuestra lengua con más acertamiento que los otros [...] nuestros espoñoles afean esta diligencia y desseo de bien hablar en los que lo sienten, llamándolos affectados [...]. No niego yo que no ay muchos entre nuestros naturales para quien es aún poca pena la injuria destos apellidos, según lo mucho que pecan en usar vocablos estraños, y en nuevas maneras de dezir que pocos entienden, solo con gana de no parecer a los otros, y no con desseo de hablar lo mismo que ellos con más prudencia y mejor aviso, que es en lo que puede uno esmerarse, y adelantarse de los demás."

Ambrosio de Morales (1513-1591)

martes, 3 de junio de 2008

UN PODEROSO RÍO.

"[...] Nuestra lengua, la que hablamos a diario con un valor práctico, es también el noble material de la literatura. Nobilísimo material. Comparad las demás artes, qué deleznable, qué pobre el material de la pintura y aun de la escultura; sólo el de la música adquiere quizá un cierto sentido, un valor más alto por su calidad aérea. Pero la máxima riqueza y nobleza de la palabra es que en ella el sonido o su imagen acústica a través de la representación gráfica, lleva en su interior, como el hueso esencial de la fruta, el concepto. Maravilla práctica, tesoro de la mina literaria nuestra lengua y todas las lenguas de cultura. Todas en un nivel aproximadamente igual. Porque la nuestra, el español, es, sin duda, superior en algunos aspectos, por ejemplo, al francés o al inglés; pero en otros es evidentemente inferior a esas mismas lenguas. El orgullo de nuestra lengua tiene que ser sólo una parte de un entusiasmo general que todos los hombres del mundo debemos sentir: la exaltación del don divino de la palabra humana.
A tal gozo corresponde un deber: el de la conservación y defensa de ese tesoro. Ha sido entendido de muy diferentes maneras en los diversos tiempos y lugares. Las mutaciones políticas han traído muchas veces como consecuencia que, por ejemplo, en los Estados totalitarios se haya querido imponer una defensa del idioma tajante, rigurosa (¡sobre todo, nada de extranjerismos!): es una política que a la postre ha fracasado siempre y aun ha producido violentas reacciones. Gran equivocación es ignorar que en la vida de las lenguas hay dos elementos esenciales y contrapuestos: La tradición y la innovación. Los dos son necesarios. La innovación sólo deja de existir en lenguas como el latín y el griego, es decir, lenguas muertas. Toda defensa de una lengua (me refiero, claro está, a las de cultura) tendrá que ser amplia comprensión, liberal, atenta a la evolución de una realidad idiomática, procurando conducirla, buscarle cauces razonables y sin querer oponerse frontalmente a ella, que sería tanto como querer atajar un poderoso río."

Dámaso Alonso (1898-1990)

YO VOY SOÑANDO CAMINOS.

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
"En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón."

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir;
"Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada."

Antonio Machado (1875-1939)

TRÓPICO DE CÁNCER.

"Tenerla aquí en la cama conmigo, con su aliento en mi piel, su cabello en mi boca: me parece como un milagro. Ahora nada puede ocurrir hasta mañana...
Despierto de un sueño profundo para mirarla. Una pálida luz se filtra en la habitación. Contemplo su bella melena en desorden. Siento que algo me baja corriendo por el cuello. Vuelvo a mirarla de lejos. Tiene el pelo lleno. Levanto la sábana: hay más. Un enjambre en la almohada."

Henry Miller (1891-1980)


EN NOMBRE DE LA HISTORIA.

Camus denunció durante mucho tiempo lo que él llamaba el crimen de la lógica. Es decir, el discurso que conducia a cualquier persona a ser un asesino inocente en nombre de la Historia.

sábado, 31 de mayo de 2008

CANTAR DE MIO CID.

En Valençia seí Mio Çid / con todos sus vassallos,
con él amos sus yernos / los ifantes de Carrión.
Yaziés' en un escaño, / durmié el Campeador,
mala sobrevienta, / sabed, que les cuntió:
saliós' de la rred / e desatós' el león.
En grant miedo se vieron / por medio de la cort;
enbraçan los mantos / los del Campeador
e çercan el escaño / e fincan sobre so señor.
Ferrán Gonçález ... ... ... ... ... ... ... ...
non vio allí dós' alçasse, / nin cámara abierta nin torre,
metiós' so 'l escaño, / tanto ovo el pavor.
Diego Gonçález / por la puerta salió,
diziendo de la boca: / "¡Non veré Carrión!"
Tras una viga lagar / metiós' con grant pavor,
el manto e el brial / todo suzio lo sacó.
En esto despertó / el que en buena hora naçió,
vio çercado el escaño / de sus buenos varones:
"¿Qué 's esto, mesnadas, / o qué queredes vós?"
"Ya señor ondrado, / rrebata nos dio el león."
Mio Çid fincó el cobdo, / en pie se levantó,
el manto trae al cuello / e adeliñó pora ['l] león.
El león, quando lo vio, / assí envergonçó,
ante Mio Çid la cabeça / premió e el rrostro fincó.
Mio Çid don Rodrigo / al cuello lo tomó
e liévalo adestrando, / en la rred le metió.
A maravilla lo han / quantos que í son
e tornáronse al palaçio / pora la cort.
Mio Çid por sos yernos / demandó e no los falló,
maguer los están llamando, / ninguno non rresponde.
Quando los fallaron, / assí vinieron sin color,
non viestes tal juego / commo iva por la cort;
mandó lo vedar / Mio Çid el Campeador.
Muchos' tovieron por enbaídos / los ifantes de Carrión,
fiera cosa les pesa / d'esto que les cuntió.

ANTIAMERICANISMO.

Leer a nuestro mejor ensayista contemporáneo en lengua española, Rafael Sánchez Ferlosio, es siempre un placer intelectual, el mayor de los placeres al decir de sabios clásicos y modernos, sean éstos de obediencia aristotélica, epicúrea o milleana. Leo, pues, con gusto su artículo titulado «La belleza de la guerra», y me decido a componer este amistoso comentario, más con ánimo de mostrarle, o mejor renovarle, mi admiración y reconocimiento –valga la redundancia que con la intención de polemizar con él, o de señalar en el texto este o aquel aspecto en el que podamos disentir, o de reprocharle el énfasis que hace acá, mostrándole de esta forma y a las claras mi discrepancia, o de amonestarle por la conclusión a la que llega más allá, y con la que me temo no estar en condiciones de compartir, aunque le haya acompañado, como digo, con gran deleite a lo largo de su discurso, sin perder una palabra y sin haberme distraído en el trayecto –o al menos eso creo y espero–, porque es señal de sabiduría en la escritura, y Ferlosio la posee, el servirse de discretas maniobras de diversión para coger al lector, atraparlo en el encantamiento que oficia y no soltarlo hasta el final, allí donde uno se pone a pensar sobre lo que se le acaba de decir.
Sánchez Ferlosio escribe sobre la belleza de la guerra porque quiere mostrarnos su horror, y al leerle uno cree pensar que lo que sus palabras transmiten, muy bien –o sea, sin violencia– podría trasladarse a la reflexión sobre la belleza del lenguaje artístico, sobre el arte de la escritura, de la retórica. En un caso como en otro –también en el deporte–lo importante no consiste tanto en el hecho de ganar, de infringir una severa derrota al enemigo, al adversario o de convencer al lector –lo que supondría en todas las situaciones el llevar al otro al campo propio, el ganárselo y, por tanto, el dejarlo a la intemperie, en evidencia, al raso, desarmado, sin capacidad de respuesta cuanto en exhibir el placer de la condición de vencedor, de ser victorioso. Ciertamente, para ganar hay que meter un gol, como mínimo, de la misma manera que para pescar un salmón hay que mojarse el trasero –a veces, suele valer un simple empate, una retirada a tiempo o bautizarse los juanetes–, mas, según afirma el maestro Sánchez Ferlosio, la «estética que es propia de la guerra no mira a la belleza plástica, sino a la que podría designarse como "belleza funcional"». Es decir, no vale en la estética belicosa la concepción utilitaria ni el afán determinista, pues nada sería más miserable y caricaturesco, en el fondo antiestético, por lo que toca a estos terrenos que pisamos en nuestro examen –guerra, deporte, escritura–, que pretender justificar la violencia –la fuerza de las armas, de la calidad atlética y de la capacidad creadora– por medio de la excusa, a la sombra del estandarte, de querer «tener razón» ante el que está enfrente –el que está al otro lado de la trinchera, de la línea de medio campo o del papel impreso–.
Frente a la belleza plástica, la auténtica belleza funcional se pone de manifiesto, se juega su prestigio e imagen, o sea, su motivo, en el acto de la exhibición misma, en la actuación vigorosa de las «fuerzas armadas» que despliegan su poderío, no sólo el potencial o ante bellum sino también la potencia efectiva y triunfal tras la victoria o post bellum, lo mismo que en ese deportista que tensa los músculos y destapa su vigorosa anatomía –un cuerpo de miedo– o, no siendo menos, en ese escritor que descubre su gracia, su habilidad y su ingenio en el maravilloso ejercicio de dar forma –no necesariamente sentido– a una procesión de palabras, trazadas una después de la otra, lo que compone un cuerpo de texto elocuente y hermoso. Hay sin duda en todas estas artes una pasión por el juego, por el alarde simbólico, un impulso estético más que científico, un entusiasmo por el desfile, por la demostración, por la publicación, por el cortejo y el festejo.
Después de las primeras y soberbias brazadas de su artículo –las dos terceras partes del mismo–, por el que desfilan, con mayor o menor suerte, Panecio, Ortega, Veblen, Weber y Habermas, entre otros, Sánchez Ferlosio arriba a tierra americana, no para «descubrirla», hecho éste –o gesta ésta– que él siempre ha deplorado y acusado, sino para sacudir y abofetear a sus colonizadores y actuales moradores, esto es, a los americanos, los masters del Universo, esos guerreros incorregibles, esos ciudadanos ignorantes que no son capaces de localizar en el mapa geográfico la ciudad de... Valdemorillos (que cada país, comunidad autónoma, región o condado del planeta ponga el ejemplo que desee, porque sea como fuere se revelará la inopia y la rusticidad del americano que no sabe ¡dónde vivimos nosotros!), esos políticos corruptos (no como los europeos que somos gente de honra y abolengo) que dan plenos poderes a su presidente para hacer la guerra, porque no saben hacer otra cosa, caramba.
Estaremos o no de acuerdo con los hábitos y modales del escritor, con sus sacudidas intelectivas, compartiremos o no la obsesión antiamericana que le tiene tan en vilo y en vela, y que, de tan vulgar, bulliciosa y multitudinaria como suele manifestarse por doquier, de tan recurrente y coreada como se exhibe hasta la extenuación, uno está tentado a creer que debería empalagar a todo un modelo de la heterodoxia y del antigregarismo como es Sánchez Ferlosio, pero ¿cómo sería posible polemizar con un autor que tiene la modestia y la discreción mesurada de insinuar, a través de un mensaje de Max Weber, que no pretende tener razón cuando dice lo que dice?
Sánchez Ferlosio, sin ir más lejos, y también sin miramientos, arremete contra la fullera y falsaria ostentación norteamericana de «la guerra como último recurso», porque la verdad es –dice– que la arman a la menor ocasión (que esto sea cierto o no, no es algo que venga ahora a cuento, pues ¿quién tiene razón?), en lugar de hacer lo hay que hacer (que esto lo defienda o no, no está claro), es decir, utilizar todos los recursos diplomáticos antes de atacar, no importa a quién, pues, sea como sea y donde sea, unos irán y muchos no vendrán, sea a Irak o a Afganistán. Y ciertamente nuestro mejor ensayista contemporáneo en lengua española no queda deslucido en semejante faena. Pero, yo pregunto: ¿cuándo lo está? Pues, por lo que a mí respecta, seguro como estoy de su potente inteligencia y su agudo ingenio, no tengo la más mínima duda de que Sánchez Ferlosio tendría el mismo éxito retórico si tuviese que desmontar o afear el comportamiento norteamericano en cualquier otra situación o, como se dice ahora, concibiendo otro escenario, por ejemplo, que Estados Unidos de facto se dispusiese a atacar una vez completadas todas las posibilidades diplomáticas, habidas y por haber (sea esto lo que pueda significar, cueste lo que cueste y sea cuando sea).
Ese gran burlón que es Sánchez Ferlosio confiesa, finalmente, su regocijo ante la perspectiva, inminente a su parecer, de ver reír «a mandíbula batiente» al mundo entero en el momento que entienda la suprema gracia de esa ingenuidad insuperable que profieren los norteamericanos, o sea, este chiste monumental: «¿Por qué nos odian?» Con todo, no creo que tuviese ninguna dificultad en regocijarse asimismo, y acaso más, si la interrogación del yanqui fuese: «¿Por qué nos aman?» Pues bien, ¿cómo sería posible disputar con un autor de tan exuberante buen humor, tan juguetón, tan retozón, un modelo de retórico que se retuerce de risa con tan envidiable y endiablada facilidad?
Comoquiera que sea, para los maestros del lenguaje no importa la misión que se les encomiende, o simplemente que esbocen por iniciativa propia: siempre tendrán algo inteligente e ingenioso que decir. Y es que si en el amor como en la guerra, todo vale, por lo dicho y aquí glosado, en la estética de la guerra y en la de la escritura, lo esencial no es tener razón ni pretenderla, sino mostrar el arte de la persuasión, de la retórica, la cual, según afirmó Aristóteles, «parece que puede establecer teóricamente lo que es convincente en –por así decirlo– cualquier caso que se proponga» (Retórica, 1355b30).
Debe saberse, sin embargo, que hay otra manera de practicar el ensayo, aunque no sea con tanta autoridad como la mostrada por el maestro, como es el ejercitarlo con voluntad de conocimiento, no queriendo tener la razón, sino acaso buenas razones para defender la mejor razón entre las posibles. Hay magníficos ensayistas y filósofos que escriben, y se la juegan, pretendiendo no sólo deslumbrar sino también probar y convencer en un «género específico». Pero, bien está cada uno en su sitio y en su tarea, que tampoco es correcto enfrentar a discípulos con maestro, con nuestro mejor ensayista retórico, pues aquí sólo pretendemos ponerle como modelo de la retórica antiamericana.
Después del artículo que comentamos, Sánchez Ferlosio ha vuelto a escribir sobre el tema en sucesivas entregas. Al mes siguiente, sin ir más lejos, de verse publicado aquél, nos regaló uno más en el que afea y ridiculiza la doctrina norteamericana sobre la guerra preventiva, titulado «Las "guerras-por-si-acaso"», no menos ingenioso y corrosivo que el anterior. Pues bien, debo decir que desde hace poco tiempo, el líder actual del socialismo español no se cansa de repetir el soniquete, tomado prestado de Ferlosio, y dándoselas de paso de ocurrente y agudo, como si él fuese el autor de la lindeza, cuando todos sabemos que él se limita a decir lo que sus jefes y subordinados le dicen que diga.
Rafael Sánchez Ferlosio: ¡quién lo tuviera del lado de no importa qué causa, pero que fuese la causa de uno!

jueves, 29 de mayo de 2008

EN ESTOS TIEMPOS.

"Los males de nuestro tiempo son la ignorancia, la miseria y la corrupción, y lo más temible, que nos instalemos en la mentira con la misma naturalidad que nuestros pulmones se acostumbran al aire."

Emilio Lledó.

miércoles, 28 de mayo de 2008

POEMA LIX

Bien podrá parecer, si ahora canto
en triste voz al son de mi partida,
cisne que se despide de la vida,
o vida que jamás despide el llanto.

Deshizo Amor la fuerza de su encanto,
cobré la vista que tenía perdida;
de sinrazones mi razón vencida,
puede más que un amor que pudo tanto.

Poblaré de suspiros los desiertos,
no de quejas, señora, aunque más tenga,
yendo a buscar la muerte que no hallo.

Si al daño vivo, los remedios muertos
la tienen, que el amor me la detenga;
yo la llevo segura en lo que callo.

Juan de Tassis y Peralta, Conde de Villamediana (1582-1622).

martes, 27 de mayo de 2008

LA CASA DE LAS FÁBULAS.

Vasos vacíos, cigarrillos últimos
a la pálida luz de la mañana.
La vida como es, superponiendo
planos de destrucción, rebuscadísima
y sencilla a la vez, inasequible
al desaliento. Búscame, princesa
de la desolación, en estos páramos
de insomne polvo blanco, en la minúscula
piscina de la casa de las fábulas.

Luis Alberto de Cuenca.

domingo, 18 de mayo de 2008

TEORÍA DE LAS PLUSVALÍAS.

"El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. El delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad y ello nos ayudará a sobreponernos a muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor [...] El delincuente produce asimismo toda la policía y la administración de justicia penal [...] El delincuente produce una impresión, unas veces moral, otras veces trágica, según los casos, prestando con ello un "servicio" al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público [...] produce también arte, literatura, novelas e incluso tragedias [...] Podemos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo como el delincuente influye en el desarrollo de la productividad."

Karl Marx (1818-1883)

lunes, 12 de mayo de 2008

PANDÉMICA Y CELESTE.

Quan magnus numerus Libyssae arenae
..................................................................
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores.
CATULO, VII

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos de hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
Desnudo de cintura para abajo,
Hipócrita lector - mon semblable - mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
Yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años!.

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
- con cuatrocientos cuerpos diferentes -
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
Mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de hiedra coronados.
O aquel portal en Roma en vía del Babuino.
y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
o noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una
imagen rota,
de la langueur goutée a ce mal d'être deux.
Sin despreciar
- alegres como fiesta entre semana -
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
Íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo,
su juventud, la mía,
- música de mi fondo -
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
- mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua, fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
Cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.

Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz. Los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

Jaime Gil de Biedma.

jueves, 8 de mayo de 2008

LO PEOR DE TODO ES ENCALAR LA CASA.

Señora,
En el curso pasajero de la hora, este sentimiento, dominado por una claridad irreal y al parecer provocado por el bienestar y una pesada esclavitud, me deja en lágrimas y me apiada, me desarma contra la opresora convicción de ser sin fin. El sol sale en mí con una dulzura que se extiende a todos los encantos, y mientras agradezco ese encanto necesario, dejo, con desaprensión, que me persiga la melancolía de una tristeza enloquecida.Le diré que un objeto, bello sin lugar a dudas, me estrecha y hace surgir en mi razón la alarma sobresaliente de la duda, enfrentándome a la cuestión de ser para mi mismo o para el y me obliga a interrumpirme, como si la única continuación en mi deseo pasara por el, de una intermitencia ensimismada y flexible, el mismo. Ese sentimiento de ser estrechado, esa esperada realización del placer mucho más allá de mí, me destina a negras percepciones, como esos botones que se oprimen para que los aparatos funcionen, pero que no encuentran ninguna mano maestra, ni siquiera la luz cristalina del deseo al que se le han practicado ventanas.En realidad, me veo confrontado a dolores terribles, donde la impresión de mis sentimientos se agota y la realidad de ser en la incesante cuestión de amar me vuelve suspicaz ante el tema y propenso al pánico. Por mas que yo quiera luchar frente a la simplicidad de la simpatía, una hoja mucho mas profunda viene a romperme y deslizándose ante mi, apoya su tenebrosa incertidumbre la decepción de no poder expresarme, así como de reflexionar en la tristeza y en esas matanzas donde mi alma se realiza desmesuradamente.De modo que usted me vera volátil, con ala de pluma de pájaro y resurgiendo del imperio de un objeto vano, cuyos limites se encuentran en lo bien fundado de las cosas. Quisiera mandar al diablo el orden de las cosas y desaparecer como agua arremolinada en el agua o como calor que se espesa al contacto con el sol. Usted me vera infeliz, huraño, sospechoso, entregado a las prisas como metido en un embrollo, desconcertantemente melancólico, poseído por una nostalgia apremiante, obsesiva, alarmante.El mundo se derrumba ante mi dolorosa incertidumbre, de la que nadie se salva y la intensa convicción de que podría ser feliz rompe en mi sus luces, por donde entra la noche, oscila en un capricho salvaje, se arroja desde lo alto del muro que le sirve de obstáculo; le diré que hoy estoy agotado y que este sombrío cansancio, donde la esperanza se junta con el miedo, me hastía al grado de que ya no me distrae.Ya no conozco ningún contexto, ni la atmósfera más débil ni el ambiente eterno, fuera del persistente dolor de estar entregado a mi mismo; y en la emoción que se dispersa en la búsqueda de su valor, de mi valor, los días desgranan su tiempo, se apilan y conjuran. La sombra que levanta mi corazón en el paisaje de hospital donde me debato se asemeja al filo de la navaja, se deshace en complejos y me deja desdichado.Concédame, señora, la breve escucha que estas palabras no dejaran de inspirarle, tomando en cuenta el infeliz estado en el que me encuentro; quizás le resulte difícil comprenderlas, pero mi sinceridad es una pagina autentica del espíritu humano y mi razón se vuelve hacia usted para no declinar en su caos diario, para que usted sea testigo si acaso el día no reposa, a pesar de todo, en el cuenco de su mano.