"-No -respondió suspirando-. Hemos vivido aquí y aquí moriremos.
Ilia Iiyivich la miró con ligera emoción: pero ni brillaron con destellos apasionados sus ojos, ni le ahogaron en lágrimas, ni sintió que le transfigurara un invencible impulso. No tenía más que deseos de tumbarse en el canapé y contemplar desde aquel improvisado observatorio sus brazos desnudos."
Iván A. Goncharov (1812-1891).