Un amigo me dijo que si me hubiera emborrachado con Javier Marías o Juan José Millás otro sería mi parecer acerca de sus libros. No lo creo, le contesto; primero, porque esos señores evitan beber con alguien; segundo, porque yo no bebo con cualquiera; tercero, porque ni en mis peores borracheras he perdido cierta lucidez mínima, un sentido de la prosodia, un cierto rechazo al plagio, la mediocridad o el silencio.
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